Mostrando entradas con la etiqueta Antonio Orejudo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Antonio Orejudo. Mostrar todas las entradas

miércoles, 30 de octubre de 2019

Todo es Borges-Álvaro Valderas



*Esta crítica apareció en achtungmag.com:
https://www.achtungmag.com/todo-es-borges-de-alvaro-valderas-todo-es-literatura-y-palimpsesto/

Todo es Borges de Álvaro Valderas: Todo es literatura y palimpsesto

Hay un tipo de literatura que habla de literatura, que es literatura sobre literatura, cuyo corazón se compone de la propia creación literaria, dejando de lado argumentos novelísticos, personajes y peripecias para, simplemente, convertirse en sí misma de forma autorreferencial. Esto es la metaliteratura. Y en Todo es Borges, del leonés, pero afincado en Panamá, Álvaro Valderas, el ejercicio metaliterario se convierte en un complejo y fascinante juego. Su título ya lo dice todo: Borges como padre de lo metaliterario, del juego metatextual, alguien que es como un lugar omnipresente a donde, cualquier retruécano narrativo, sintáctico o léxico, nos acaba llevando, por muchas vueltas que demos.

En efecto, el libro de Valderas es un libro de juego literario, que coloca al lector ante un complejo puzle textual. En ese sentido, tiene algo de literatura ergódica, y apasiona —en su profunda complejidad— la forma simple y clara con que está montado. Pero como ya he dicho que Todo es Borges, antes debo relatar la manera, preñada de casualidad y causalidad, en que este libro-palimpsesto alcanzó un lugar entre mis plúteos.
Como si fuera una puesta en abismo entre escritores, y una puesta en abismo entre ciudades, países y continentes, la literatura se abrió paso. El autor panameño Javier Medina Bernal, afincado en Viena, me envió dos libros del escritor de La Bañeza que vive en Panamá. Uno es Tumbamuerto y otros relatos criminales caribeños (Ediciones del Serbal): Valderas, como buen borgiano, también ama la narrativa del género negro.

El otro libro era este Todo es Borges, que de inmediato atrajo mi curiosidad. Para un poco más adelante he dejado la lectura y la crítica de Tumbamuerto (que prometo aparecerá aquí en Achtung!), dado que he sucumbido a la fascinación de este cubo de Rubik literario, pócima narrativa de brujo, sopa de letras y palimpsestos, borgiana declaración de intenciones y de heterónimos. En efecto, juego de heterónimos, también, ¿puede haber mayor despiste literario que los heterónimos?
Tengo mucho que aclarar, lo sé. Empezaré por lo curioso de su casa editorial: ninguna. Simplemente, una Independently Published, es decir, editado de forma personal tras su paso por un formato de ebook en Amazon que, creo, le restaría mucha gracia al libro. Porque se trata de un libro sobre libros, de textos sobre textos, de autores (ficticios) que especulan sobre autores reales. Demasiado como para no resistirse a publicarlo en papel.
Luego, nos encontramos ante el misterio de su fortuna y recepción, es decir, de sus lectores. Al parecer lo hemos leído, según el cálculo optimista de su autor, dos personas. Entiendo que el propio Javier Medina Bernal que me lo envió, y recomendó, y yo mismo. En fin, deseo que algún lector más haya podido disfrutar ya de esta Caja de Pandora de las palabras; está a la venta en Amazon, y además en papel. ¿A qué esperáis?
El escritor panameño Javier Medina Bernal, que me hizo llegar el fascinante Todo es Borges de Álvaro Valderas.
Lo de los heterónimos: ahora voy con ellos. Álvaro Valderas es escritor, y como tal, es un mentirosillo. Nos lo demuestra ya en el prólogo del libro, al que subtitula como Prólogo que es mentira. Así que ya empezamos descubriendo las cartas desde el principio. Y también ocultándolas. El juego borgiano está en marcha, ese juego que activará el lector de la misma forma en que se encendían aquellos enormes condensadores que proyectaban imágenes fabulosas en la isla de Morel, movidos por la marea oceánica, también por la marea de la lectura, en la ingeniosa novela de Bioy Casares (por otro lado, el gran amigo de Borges, su otro yo literario, un Doctor Jekyll para el furioso mixtificador Mr Borges/Hyde).

Nos encontramos ante la invención de Valderas, un artefacto que se pone en marcha con la lectura, que activará el lector como esos rayos de tormenta restauraban la vida eléctrica en el corpachón de remiendos de Frankenstein. Valderas ha creado un monstruo realmente complicado: es la isla literaria moreliana, es un mapa textual a base de cosidos y cicatrices de párrafos y palabras.

¿No has leído La invención de Morel (Austral)? En este enlace te explico los motivos por los cuales deberías leerla, pero, ojo, contiene eso en lo que yo no creo cuando hablo de literatura, pero que a muchos les disgusta tanto: spoilers. Y los spoilers o adelantos de lo que ocurre, pueden matar esta novela tan peculiar. Leedla primero, sin acceso a estudios preliminares, y después mirad este link:
Valderas es el tercero, el tercero en concordia, que trastea en el laboratorio de esos Jekyll Hyde, de esos Bioy y Borges, y experimenta con este brebaje compuesto de las esencias de las narraciones, capaz de convertir un libro en una combinación de combinaciones cabalísticas, en laberinto de voces y mentiras, en mensajes indescifrables que nos traen a sus heterónimos que se mueven como homúnculos, como pequeños golems de la palabra que han cobrado vida precisamente gracias a ese misterio de la creación: las palabras.
Borges y Bioy Casares alimentan este Todo es Borges:


Las palabras convertidas en frases, las frases en párrafos, los párrafos en páginas, las páginas en historias, las historias en libros…, pero a los heterónimos de Valderas no les importan esas historias, sino lo que se esconde debajo de ellas. Por eso, todo gira en torno a la literatura palimpsesto.
No hay nada más misteriosamente gozoso que un palimpsesto. Un texto que, debajo, oculta otro texto: quizás diga lo mismo, o algo totalmente diferente. O guarde en su secreto soterrado mensajes verdaderamente revolucionarios, satánicos, impenetrables, pero que afloran a la vista gracias a la sabiduría del investigador que ha conseguido desentrañarlos, es decir, que ha llevado el palimpsesto hasta la luz, que es capaz de arrancarlo de la oscuridad de su entierro.
Un ejemplo de palimpsesto. Puede verse el texto debajo, escrito en otro sentido.
Vayamos a la idea principal del asunto, que Valderas nos explica así en ese prólogo que es mentira:
todos los libros componen un solo Libro de arena cuyas frases se funden cuando cerramos las tapas, se reordenan y nunca podremos volver a leer las mismas, porque nadie puede bañarse dos veces en el mismo libro. Y también es cierto que todas las bibliotecas del mundo son, en el fondo, un solo y gigante libro, un texto de arena en que se pueden (…) mezclar las obras”.
El concepto se ha tomado del relato El Libro de arena (Alianza Editorial) publicado por Borges en un volumen homónimo en 1975. Según el autor, esta es su obra maestra, y en el cuento aparece un libro que, una vez leída una de sus páginas, es imposible volver a encontrarla, porque se está reescribiendo continuamente.

Ese continuo está tomado de la idea de que es imposible bañarse dos veces en el agua del mismo río, según manifestó Heráclito. Así, podemos entender que nunca leemos dos veces el mismo texto, porque siempre nos encontramos ante un libro que, aunque parezca el mismo, es diferente.
Heráclito, en un cuadro de Rubens.
Dejando a un lado componentes mágicos y malignos o demoniacos —con los que Borges tizna su relato de El Libro de arena—, la idea del libro como río en el que sumergirse, y que siempre será diferente, entronca con mi interpretación de la literatura que desde años he guiado mi forma de trabajo como comparatista. Los que me conocen lo han oído ya muchas veces, pero lo repetiré una vez más porque nunca es tarde para cosechar nuevos cómplices.
Un libro no es un libro, sino un compendio de todos los libros que se han escrito, que entra en conversación con todos los autores y obras anteriormente escritas, y con las que se redactarán en el futuro. Esta conversación entre obras y autores de presente y futuro es continua (de nuevo encontramos esta idea de continuo, como el río de Heráclito) porque los libros son como galaxias conectadas entre sí por agujeros de gusano que interrelacionan unos textos con otros, saltando en el tiempo, de atrás hacia adelante y viceversa, pudiendo un autor del siglo XXI influir en un autor de siglo XVII.
Cuando leemos una de estas galaxias literarias incorporamos su texto a nuestro muro interior de lecturas y, desde allí, entra en conexión con otros libros que hemos leído, conversa con ellos, y teje toda una red de relaciones que se alimentan unas a otras. Así, una lectura anterior ilumina a una reciente, y una lectura nueva arroja luz sobre algo que leímos hace años y que ahora, súbitamente, toma sentido. Este es, pues, el verdadero Libro de arena: nuestro propio libro interior, nuestra galaxia privada de lecturas.
Álvaro Valderas, autor de Todo es Borges.
Ya reivindiqué esta forma de leer, consistente en algunos aspectos más, en este artículo que publiqué hace un tiempo aquí, en Achtung!:
Y antes, párrafos más arriba, me referí a la literatura ergódica. Aquí puedes saber algo más:
De forma que, el ejercicio de Valderas, alcanza el punto culminante de la formulación basándose en el mecanismo del Libro de arena borgiano. El juego se haría de la siguiente manera:
Compondríamos nuestros propios textos con palabras, frases o letras de otros anteriores”.
Dicho y hecho, un grupo de autores se reúne para llevar este asunto a blanco sobre negro. Y estos escritores que ejecutarán piruetas textuales y nos presentarán sus trabajos e investigaciones son: Mateo Domínguez, Miguel Pedrera, Justo Arias, Rogelio Salvador, Rafael del Río, Manuel Iglesias y Antonio Valbuena. Pues bien, aquí están los heterónimos, porque igual que Todo es Borges, ahora, todos son Álvaro Valderas. De hecho, en un momento dado, Mateo Domínguez afirma (con bastante desfachatez) que:
Adelantándome, por orden de edición, a mi querido amigo Miguel Pedrera, al que considero parte de mí mismo…”.
Antes de entrar en los trabajos de estos heterónimos (hay uno que se apellida Río y otro luce un Valbuena asaz sospechoso por su parecido con Valderas), aún se nos regala un segundo prólogo en donde se nos insiste en el método de la recombinación de palabras. Se trata de una maniobra de deturpación del texto, que partiendo de su stemma original se va descomponiendo en diferentes versiones hasta alcanzar una configuración que no se parece en nada a su origen. El experimento, llevado a cabo con un fragmento de Macbeth, arroja un diálogo final completamente alejado de su intención inicial.
Después, para insistir en el método, se desmenuzará un poema de Alberti, dejándolo en sus letras mondas y lirondas como las raspas de una sardina. De esta manera, el autor demuestra en su segundo prólogo que:
Cualquier letra, cualquier palabra, probablemente todas las frases de todos los idiomas, ya han sido infinitamente repetidas antes de que las pronunciemos nosotros con afán de innovadores. En este libro solo hemos pretendido divertirnos a costa de ese hecho universalmente conocido, fabricando puzles que hagan trabajar al lector vago, especie muy común en nuestras bibliotecas”.
Esta afirmación es una joya por dos motivos: primero, por la importancia que tiene para aleccionar al escritor primerizo que se presenta en talleres literarios sin haber leído un libro, pero que aspira a ser escritor brillante y original de talento desbordante, y pretende, también, haber creado una obra excepcionalísima con imágenes como el mar embravecido, el colérico viento o los dientes como perlas… A este sujeto hay que recordarle que ya todo está escrito, que no sea vago, que para escribir necesita invertir la mitad de su tiempo en leer.
Descomposición en letras del poema de Alberti.
En segundo lugar, el libro intenta hacer que trabaje el lector vago, es un libro para esforzados: es, ejemplarmente, un espécimen de literatura ergódica.
De forma que todo ha cobrado sentido, es decir, lo ha perdido en función del desorden de las palabras. Y se nos advierte:
Este permiso no podrá ser reproducido sin el libro, previo escrito del editor, no total ni parcialmente. Este escrito previo no total del editor, el libro, ni parcialmente ni sin permiso, podrá ser reproducido. Ni este escrito previo, no total, del editor ni el libro, podrá ser reproducido parcialmente sin permiso. O como sea”.
Creo que está muy claro. Así que ya podemos pasar al trabajo que presenta Mateo Domínguez sobre el libro bíblico del Génesis (no se podría comenzar más que por el principio, obviamente). Mateo, como un evangelista de lo alfanumérico, se sumerge en combinaciones de ceros y unos que sustituyen las palabras santas:

Y después, otorgando valores a cada letra, conforma un curioso discurso bíblico:

A continuación, Miguel Pedrera nos presenta un método de reconstrucción reordenación, busca mensajes ocultos en las citas iniciales y en las dedicatorias que incluyen los escritores al principio de sus obras, así como en las primeras frases de sus textos. Vargas Llosa, al principio de Pantaléon y las visitadoras (Santillana), reproduce una cita en francés de Flaubert, que sometida al filtro revela un mensaje angustioso del autor:
No puedo iniciar esta novela sin ayuda; me aterra no poseer ya el don”.

 Una llamada de auxilio tan terrible como premonitoria, porque ahora podemos afirmar que ya no posee el don, quizás desde hace tiempo. Este método de trabajo entronca directamente con el escritor Antonio Orejudo que, en su novela Ventajas de viajar en tren (Tusquets) presenta un personaje, Montoro, que sostiene ante la editora Helga Pato que los autores clásicos españoles forman parte de una red de difusión de mensajes subliminales, la que sería la logia de los anagramáticos a la que pertenece Garcilaso (que diseminó anagramáticamente la palabra TOLEDO, con el oscuro objeto de persuadir al Emperador para que volviera a España). Y no sólo Garcilaso, sino muchos otros autores:
desde los tiempos de la primitiva poesía heroica ciertos poetas habían aprendido a diseminar en sus textos con fines variados palabras o sonidos diversos, los anagramas (…) Garcilaso de la Vega había salido de Toledo contra su voluntad, para acompañar a Carlos V por Italia y Francia. Durante este período había escrito los versos en los que Montoro detectó anagramas antes de saber que se llamaban así y antes de saber que existía una técnica para componerlos. Garcilaso diseminó total o parcialmente, anagramáticamente, la palabra TOLEDO: aquí TO, allí LE, allá DO o TLE o ELT, o íntegramente, TO-LE-DO, para persuadir al Emperador de que volviera, para que no se olvidara de aquella ciudad (…) Helga lo oyó hablar de un grupo de poetas y escritores que desde hacía muchos siglos hasta hoy formaban una logia conocedora de sofisticadas técnicas hipnóticas, que utilizaban para sugestionar a los lectores, capaz de anular el juicio y de hacer creer a quién leyese sus escritos lo que a ellos pudiera o lo que les encargaba el patrón de turno”.
Como resulta que Todo es BorgesOrejudo publica tras Ventajas de viajar en tren una novela titulada Reconstrucción (Tusquets), en una curiosa coincidencia con este método que ha puesto en marcha Miguel Pedrera, y en donde afirma que:
Es que el verbo no es la única carne. Lo que Pfister cuenta no es lo que sucedió, sino el relato de lo que sucedió (…) Aquellos hechos que conserva en la memoria son semillas que han germinado con el tiempo gracias a la imaginación. Son sucesos que se enriquecen solo por el hecho de contarlos, de someterlos al juicio de otra persona (…) Esta reconstrucción es solamente un orden de palabras. La morfosintaxis es la única herramienta que Pfister tiene a su alcance para explicarse precariamente el mundo, para orientarse en el caos y para tratar de ser en él medianamente justo”.
Casi resultan aterradoras tantas coincidencias: Esta reconstrucción es solamente un orden de palabras… ¿Acaso esto no demuestra que, evidentemente, Todo es Borges?
Garcilaso, el gran anagramático (según Orejudo).
En estos enlaces os hablo un poco más de las dos obras de Orejudo que os he citado:


Y así, el resto de los heterónimos continúan con sus trabajos desde otros puntos de vista. Dentro del esfuerzo deductivo de Justo Arias, que reelabora un texto de Sherwood Anderson, se nos descubre una frase que puede resumir el motivo que busca Álvaro Valderas con Todo es Borges:
“Las historias que contaba no empezaban en ninguna parte ni conducían a ninguna parte”.
Quizás, esta sea la función final de la literatura: entretener sin una finalidad, la pureza de la narrativa elevada a su máxima esencia. Después, Rogelio Salvador que trabaja con el Drácula de Stoker, nos recuerda que:
todo cuanto leemos, según la situación, pudo querer decir otra cosa”.
Y por eso, ejecuta con el texto de Stoker una serie de variantes que nos recuerdan a los Ejercicios de estilo (Cátedra) de Raymond Queneau, uno de los principales miembros del OuLiPo.
¿No has leído Drácula? ¿En tu cabeza solo campan los colmillos de Christopher Lee o el juego de sombras chinescas de Coppola? En este enlace te cuento lo que te estás perdiendo:

Por supuesto, hay más heterónimos empeñados en descifrar mensajes y afirmaciones, en reelaborar y recombinar para atrapar el palimpsesto que se oculta bajo las obras de autores inmortales. Pero ya basta, eso lo dejo para quienes se hagan con un ejemplar de Todo es Borges y lo lean teniendo en cuenta que, tal y como se afirma al final de la obra:
un verdadero libro nunca puede considerarse terminado”.
Por eso, mantengo que los libros son un universo en expansión. Por eso y, como se afirma en este desconcertante envoltorio metatextual que es Todo es Borges:
El mundo, que acaba con nosotros, puede recomenzar con un verso hallado en cualquier cajón”.
Recomencemos, por tanto, otra vez. Leamos otro libro…

sábado, 4 de agosto de 2018

Reconstrucción-Antonio Orejudo (2)



*Esta reseña apareció en Mi Nueva Edad:

https://www.minuevaedad.com/actualidad/2018/8/2/el-libro-del-mes-reconstruccion-de-antonio-orejudo/

Título: Reconstrucción
Autor: Antonio Orejudo
Editorial: Tusquets
Número de páginas: 270
Año: 2005

Los poderes de la Gran Literatura

Reconstrucción, de Antonio Orejudo, posiblemente sea la mejor novela española que se haya escrito en los 18 años que llevamos de siglo XXI. Y esta afirmación no esta formulada a la ligera. Se trata de un texto apasionante, un ejercicio textual y narrativo de primera magnitud, además de rabiosamente entretenido.
Es verdaderamente complejo encontrar alguna otra obra que se le aproxime, al menos entre las firmadas por ese grupo de escritores consagrados que ha perdido el don de la inspiración y que nunca tuvo la gracia de la literatura, por mucho que editoriales y grandes grupos comerciales se empeñen en mentirnos para hacernos creer lo contrario.
Por ese motivo, la novela de Orejudo es tan impresionante; porque representa una forma de novelar ubicada a años luz del tedio habitual del novelista español de estos momentos: no se refocila en el aburrimiento facilón de temas sobre la Guerra Civil (cada vez más manoseada y enmohecida), no se desliza en una autoficción pedante y complaciente, tan vacía como irritante, y por supuesto no presenta los tics habituales de las novelas de esos autores consagrados que escriben con el piloto automático puesto y despreciando a sus lectores.
Todo en esta Reconstrucción de Antonio Orejudo es Gran Literatura. Un mosaico complejo y deslumbrante de una época histórica oscura, la Europa del siglo XVI, la Europa de la herejía de Münster: la primera parte del libro en donde se narra con detenimiento este suceso es de lo mejor que se haya escrito en los últimos años. Y después nos embarcamos en la búsqueda de Miguel Servet, esa indagación literario-detectivesca sobre el personaje y sobre su enconada relación con Calvino, en un retrato que hubiera fascinado al propio Stefan Zweig (de hecho el texto de Zweig de Castelo contra Calvino es uno de los motores inspiradores de la novela).
La pasión narrativa de Orejudo es contagiosa, y lo que puede parecernos a simple vista una mera novela histórica, monumental, pero novela histórica al fin y al cabo, es mucho más que eso: se trata de un libro con claves, escrito en un código literario repleto de guiños meta ficcionales, un delicioso trampantojo que oculta reflexiones sobre la propia escritura y la creación, sobre los motores de la ficción, en una especie de puzle en donde nada es lo que parece.
De esta forma, se conforma una de las mejores novelas españolas, un regalo para el lector que encontrara la recreación de un mundo fascinante atravesado, además, por ese peculiar sentido del humor de Orejudo, con esa pasión por construir personajes inolvidables e insertarlos en el marco de historias perfectas.
Reconstrucción es puro entretenimiento, además de un enorme homenaje al oficio de escritor y recompensa al empeño de los lectores que buscan obras de calidad. Sin duda, para Mi Nueva Edad, no se trata sólo del libro del mes, sino del libro más adecuado para un mes como el de agosto, una novela que puede viajar con nosotros, que soporta sin inmutarse las tardes de canícula, las mañanas playeras y hasta las paellas del tres al cuarto.
Un libro que sabe sobreponerse a la vulgaridad del veraneo e, incluso, a la chabacanería de esos selfis de pies chapoteando al borde de las piscinas. Tal es el poder de Orejudo, de Reconstrucción y de la buena literatura.

lunes, 5 de junio de 2017

Los Cinco y yo-Antonio Orejudo

Título: Los Cinco y yo
Autor: Antonio Orejudo
Editorial: Tusquets
Número de páginas: 251
Año: 2017

UN ANTONIO OREJUDO BAJO EN CALORÍAS

*Esta reseña ha sido publicada en el sitio Achtungmag.com:  
http://www.achtungmag.com/antonio-orejudo-calorias/
        
                Antonio Orejudo parece haber renunciado en gran parte a lo que ha sido una de las señales más reconocibles de su literatura: el humor. No era un humor de gruesos brochazos, sino un humor inteligente y sibilino, un humor disolvente y con una pizca de mala leche que recorría gozosamente sus novelas. Sin embargo, poco queda ya de ese rasgo en Los Cinco y yo, su última y esperadísima novela publicada por Tusquets, que se muestra como un texto desnaturalizado, bajo en calorías literarias cuando el autor nos tenía acostumbrados a jugosas cucharadas de caviar narrativo.
            Indudablemente, este cambio en el enfoque de su trabajo resiente la obra hasta unirla a lo menos brillante de la producción del escritor madrileño, tal vez junto a la irregular Un momento de descanso que, no obstante, sí mantenía las señas identitarias del autor. Los Cinco y yo no es la mejor obra de Orejudo, algo que en cualquier otro escritor sería sinónimo de fiasco. Afortunadamente, en Orejudo la más floja de sus obras puede ser tomada como un trabajo de calidad al que muchos escritores actuales no se acercarán, ni de lejos, en toda su vida. El problema con creadores de talento, al estilo del músico irlandés Van Morrison, por ejemplo, es que siempre se les exige lo mejor y nos decepcionamos cuando sólo nos ofrecen un desmayado notable.
Me resultaría sencillo hacer una crítica afirmando que Los Cinco y yo es una novela excelente —comparada con la mayoría de lo que se publica actualmente es bastante posible que eso sea así—, pero hace tiempo que prefiero juzgar el trabajo de Orejudo en comparación con el resto de su producción, dado que juega en otra liga, tal es el talento del escritor que nos ocupa. Y en esa comparación, esta novela no alcanza a situarse entre las mejores.
            En efecto, Los Cinco y yo decepciona un tanto. Entristece el intuir todo lo que esta novela podía albergar y no ha conseguido desarrollar, y es una pena que la narrativa de Orejudo tome un camino que, obligatoriamente y como condición de evolución, necesite traicionar la originalísima y peculiar voz de su autor. Orejudo hace un trabajo de metaficción en esta obra. No duda en sumergirse a sí mismo como personaje, junto al escritor Rafael Reig, en las profundidades del texto, componiendo un collage de autoficción que, sin embargo, se empacha de modernidad y retórica literaria con un resultado mate.
            La obra arranca muy bien, con uno de esos principios de Orejudo en los que el lector se siente hipnotizado por sus palabras y las páginas van cayendo en una lectura prodigiosa. Sin embargo, hay un momento en que el asunto deja de funcionar. Y es cuando se fragua esa mezcla de la ficción de los personajes de Los Cinco, los muchachos creados por la escritora Enyd Blyton, que comienzan a desfilar por la novela en comandita con el devenir del propio Orejudo. Así, los mundos literarios de Los Cinco toman un relieve de realidad al contarse lo que fue de sus vidas más allá de sus libros, perdidos en coqueteos con las drogas o el sexo, incluso con una intervención en una guerra, o sus peripecias enmarañadas en el mundo de los negocios.
            Los personajes de Blyton salen de la infancia y se hacen adultos en las páginas de Orejudo, pero todo resulta algo forzado, incluso desganado. En muchas ocasiones da la impresión de que Orejudo escribe con el piloto automático puesto, como por compromiso o por la necesidad de llenar un determinado número de páginas. En esta obra su narrativa ha perdido nervio. Y si bien la idea de mezclar las vidas de la pandilla de Los Cinco con las evoluciones del Orejudo personaje es un recurso que podría funcionar muy bien, al final el texto le resulta al lector algo que jamás pensaría encontrarse en una obra de este autor: aburrido. Y quizás este sea el mayor pecado de un escritor que ha firmado Ventajas de viajar en tren y Fabulosas narraciones por historias, tal vez dos de las más divertidas y jocosas novelas de la literatura española.
            En otra ocasión, con motivo de su novela Reconstrucción, Antonio Orejudo montó un artefacto literario serio y atravesado de metaliteratura, con guiños intelectuales y referenciales, alumbrando una obra maestra rotunda y contundente: una de las mejores novelas que se han escrito en este país en décadas. Sin embargo, su segunda aproximación a este tipo de texto se desvanece a medida que transcurren sus páginas, que son poco alimenticias, me atrevería a calificarlas como light, ofreciéndole al lector un sucedáneo de Orejudo. Los Cinco y yo es de lo más decente que se ha publicado este año, pero no es una de las mejores novelas de su autor.
            Lo que ocurre es que Antonio Orejudo es tan bueno que, incluso su copia más desnaturalizada, ofrece un sabor literario que brilla por encima de todo lo demás. Pero a quienes hemos degustado la pata negra, nos joroba.

            

miércoles, 12 de abril de 2017

Ventajas de viajar en tren-Antono Orejudo (1)



Título: Ventajas de viajar en tren
Autor: Antonio Orejudo
Editorial: Círculo de lectores
Número de páginas: 140
Año: 2000
 *Reseña publicada originalmente en el sitio Mi Nueva Edad:
https://www.minuevaedad.com/actualidad/2017/4/5/el-libro-del-mes-ventajas-de-viajar-en-tren/
           
DELICIOSO EJERCICIO NARRATIVO

               Cuando el lector termina Ventajas de viajar en tren tiene una certeza: acaba de leer uno de los libros más divertidos que se hayan escrito en español en lo que va de siglo XXI. Pero no sólo se trata de un libro divertido. Esta novela es mucho más que eso. Es un recital narrativo, un ejercicio delicioso de escritura, salpicado de unas inesperadas notas de humor negro y escatológico, que hacen muy difícil evitar las carcajadas.
            La novela arranca con una imagen tan contundente como esperpéntica, que anuncia los derroteros por los que discurrirá toda la narración: la protagonista, Helga Pato, regresa a su casa y se encuentra a su marido completamente ido, ensimismado y jugando con sus excrementos. No le queda otra opción que ingresarlo en un psiquiátrico y, en el viaje en tren de vuelta desde la clínica, la mujer se topa con Ángel Sanagustín, uno de los médicos del sanatorio que le contará algunos pasajes de su vida. En este momento, la novela se convierte en una cascada de historias que se encierran unas en otras, en una vertiginosa espiral de sucesos, a cual más entretenido e hilarante.
            Toda la novela de Antonio Orejudo, además, permite una lectura en varios niveles, dado que es una crítica al mundo editorial y a cierto tipo de novelas —no en vano, Helga Pato es una agente literaria que quiere insertar publicidad en el interior de los libros—, también al psicoanálisis y la psiquiatría —locos y cuerdos desfilan por estas páginas en un sensacional revoltijo—, a ciertos métodos y tratamientos médicos y, obviamente, a la hipocresía de la sociedad actual, que tan a menudo se mueve por motivos bastardos y mentirosos. El propio viaje en tren es una metáfora del trayecto que un lector realiza a lo largo de un libro, como si fuera una larga travesía por el interior de un túnel, y que sólo verá la luz al acabarlo.
            Antonio Orejudo pone en pie lo que, aparentemente, nos puede parecer un disparate literario, cuajado de diálogos surrealistas, situaciones inesperadas y personajes esperpénticos, como esa confabulación de los basureros para controlar las mentes de la gente o una misteriosa logia de escritores anagramáticos (que esconden en sus poemas mensajes subliminales para convencer a los lectores de sus propósitos), pero que oculta entre sus historias una realidad cruel y amarga que mediante el humor todavía adquiere mayor relieve y se nos hace más injusta e insoportable.

            Así, las historias de violencia machista, esclavitud sexual y trata de personas, pederastia, abuso de poder, explotación de los inmigrantes, locura, enfermedad y muerte, se destilan bajo el prisma corrosivo de un ingenio disparatado que multiplica el impacto de su denuncia. Antonio Orejudo demuestra, con maestría, que se pueden abordar temas tan sensibles y cruciales sin, por ello, dejar de lado cierto tinte burlón que haga las delicias del lector, a la par que lo invita a formularse las más profundas reflexiones sin caer en ejercicios pretenciosos o grandilocuentes.

martes, 24 de septiembre de 2013

Reconstrucción-Antonio Orejudo



LEGO NARRATIVO

Reconstrucción, novela de Antonio Orejudo, es, para mi gusto, una de las mejores novelas españolas escritas en el primer decenio de los años 2000.

Ambientada en la Europa del XVI, mal llamada “novela histórica” por algún sector de la crítica, ya que en cuanto a reflexión metaliteraria y constructo artificioso alcanza mucho más lejos de esa etiqueta, llegando a un cierto tipo, incluso, de autoficción. La primera parte del texto muestra un ambiente medieval con personajes ad hoc… pero las siguientes partes se tornan más detectivescas, tratando la narración de encontrar al autor de un libro publicado bajo las siglas MSV, que serán las del aragonés Miguel Servet de Villanueva. Debido a este libro, prohibido en esos momentos, la novela de Orejudo cede protagonismo a lo histórico y, mediante un recurso dialogado, nos cuenta parte de la vida de Servet hasta que fue condenado por Calvino a morir quemado en la hoguera por hereje, tras un polémico proceso eclesiástico.

En Orejudo, nos encontramos con una preocupación por la novela y por los mecanismos y resortes a la hora de narrar. No en vano, Orejudo es filólogo. La literatura se convierte así en materia de creación y de estudio. Por ello, resulta tan fascinante la estructura de Reconstrucción. El peso de la reflexión literaria lo atraviesa todo, y en cualquier lugar de la novela nos asalta una carga que invita a volverse sobre la literatura. Un buen ejemplo son los títulos de los capítulos: Conversación, que hace referencia a la oralidad que obsesiona a Orejudo; Tipos, referente a los tipos de imprenta con los que se construyen los textos; Teoría, expone toda una reflexión sobre la autoría; Expediente, aborda los recursos de narraciones en el interior  de otras narraciones; Reconstrucción o la función de la ficción literaria y la forma de generar historias… Así es la novela, repleta de claves por todas partes, y con la, reconocida por el autor, alusión en el titulo a Derrida, por supuesto, todo un estudio sobre la forma de contar, de narrar, de literaturizar.

Así, la obra se trata de una reflexión acerca de las funciones de la literatura. ¿Cuántas novelas hay en las novelas de Orejudo? En sus textos encontramos un híbrido, una mezcla de géneros, salpicados de la herencia cervantina: novelas insertadas en la trama principal. Al existir tantos relatos, muchos de ellos se colocan en líneas detectivescas, eróticas, humorísticas, picarescos, de aventuras…  Con Reconstrucción, es como si el lector fuera inventado a montar, varias veces y de diferentes maneras, un monumental lego literario.

Curiosamente, y después de sendos premios a sus novelas anteriores, de forma significativa, Reconstrucción no obtuvo ningún galardón. Eso puede dar que pensar acerca de lo que se nos plantea y la forma en que se nos plantea en la obra, quizás la más literaria y compleja de su autor y, por ello, alejada de los premios y, tal vez, la más desconocida y poco apreciada de sus novelas. ¿Por qué? En primer lugar, podría sorprender -de no conocer el espíritu de Orejudo y su carácter innovador- que el autor se oponga en diferentes entrevistas a que Reconstrucción sea encasillada como una novela histórica. Mantiene que no habla de historia pasada, sino de su mundo, de ahí se desprenderían la multitud de claves encontradas en ella. Y también repite en algunas declaraciones una afirmación contundente: el que cuenta las cosas en la novela es Antonio Orejudo, no un narrador, con las opiniones y visiones de Antonio Orejudo. Y el motor del texto es la lectura de Castelo contra Calvino, de Zweig, que le fascinó, no por lo que aparecía en primer plano, sino por la descomunal figura de Miguel Servet que atisbaba al fondo.

Con mucha diferencia respecto a las demás obras de Orejudo, Reconstrucción es su obra maestra. Son tan ricos, tan profundos los guiños metaliterarios y ficcionales que la atraviesan, con una estructura tan compleja y redonda que se cierra a la perfección, cuando muy fácil hubiera resultado un cierre en falso, que resulta prodigioso el desfile de personajes y la acumulación de información desperdigada que el lector va recogiendo para recomponer su propio puzzle literario en donde ningún personaje es quien dice ser ni lo que parece ser.

El resultado final es el de una pieza compuesta con un aspecto brillante, de gran aliento y calado, que concluye con grandes reflexiones e incide en los caracteres humanos y personales de la literatura como forma de subsistir en el mundo, pero también aboga por su independencia y entidad como materia inherente a los saberes humanos. Y es definitorio el primer capítulo, el que recrea la herejía de Münster con un desfile de tipos, de personajes, un pulso histórico a la narración en donde se escribe con dobleces y no se nos dice lo que se está contando, sino que se reflexiona sobre la prospección de la literatura en las almas, su poder a la hora de crear historias. Esta es una primera parte deslumbrante por su riqueza, por su ritmo narrativo, por su estructura dialogada y por esa vuelta de tuerca que representa: nos muestra un libro con voluntad de innovar, un texto que de inmediato se diferenciará de lo escrito hasta ahora en un ejercicio de originalidad arriesgada y muy contundente.

Y que no debería pasar desapercibido ante la tristeza del panorama literario actual.

La novela está cuidada en cada mínimo detalle y las piezas solo pueden encajar de una manera, de haberlas colocado de otra manera habrían arruinado el conjunto final. Las historias y los personajes se desdoblan, el multiperspectivismo narrativo, el polinarrador, los sucesos presentados desde diferentes prismas cuánticos, como deconstruidos en un cuadro cubista, para poder volver a ser montados y reconstruidos y así dotar de un sentido literario a la historia del fanatismo religioso europeo del XVI, junto a una galería de personajes con muchísima mayor entidad que los esperpentos que habían poblado las anteriores páginas de las primeras novelas del autor y que, resultando y funcionando en el hecho literario, ni de lejos adquirían el relieve que consiguen en Reconstrucción, donde no se supeditan al mero acto de narrar, contribuyendo con sus construcciones a un texto de relieve que se convierte en una fiesta de la narración. Un lego de la narrativa perfectamente ensamblado.