martes, 29 de octubre de 2019

Las campanas no doblan por nadie-Charles Bukowski



*Esta crítica apareció en Achtungmag.com:
https://www.achtungmag.com/las-campanas-no-doblan-por-nadie-bukowski-tritura-el-sueno-americano/


Las campanas no doblan por nadie: Bukowski tritura el sueño americano

Hoy, 16 de agosto de 2019, se cumplen 99 años del nacimiento —en la localidad alemana de Andernach— de Heinrich Karl Bukowski, más conocido por los amantes de la literatura como Henry Charles Bukowski, el escritor norteamericano que ha sido emblema del realismo sucio y de la escritura pulp. En Achtung! siempre hemos sido grandes admiradores de Bukowski, y en este su 99 cumpleaños no podemos hacernos a un lado y no hablar de él. Con más motivo si cabe, porque la celebración nos viene de la mano de un nuevo libro que ha publicado la editorial Anagrama: Las campanas no doblan por nadie, que reúne un extenso grupo de relatos inéditos del autor, así como publicados en prensa o en algunas revistas de adultos, eróticas, es decir, pornográficas, en donde se nos revela el Bukowski más surrealista, disparatado, sexual, provocador y divertido. Hoy, en este Odradek de los viernes de Achtung!: ¡Feliz 99 cumpleaños, Chinaski!

En Las campanas no doblan por nadie, el volumen publicado por Anagrama, nos topamos con un Bukowski sorprendente. En primer lugar, ha reducido en estos relatos algunos de sus temas y referencias habituales. Por ejemplo, apenas aparece en esta recopilación el hombre de uñas ennegrecidas por tanto rascarse las hemorroides, y esto no es un comentario meramente escatológico.
Porque las hemorroides, en la literatura de Bukowski, suelen ir unidas al fracaso personal del obrero alienado en la fábrica de producción en cadena. Tiene varios relatos con este tipo de protagonistas, que regresan a casa derrotados tras una jornada laboral demoledora. Por ello, esta afección es sintomática, dado que los personajes de Bukowski representan el lado oscuro del sueño americano (y lo de oscuro no lo digo con segundas, estoy tratando de ser serio, de verdad).
En la faja del libro de Las campanas no doblan por nadie, la editorial Anagrama ha elegido como reclamo una frase que me parece muy acertada: La cara B del sueño americano. En efecto, Bukowski se ha dedicado durante años a reflejar esa otra América —utilicemos aquí el término en todo su expansionismo imperialista y capitalista— plagada de obreros vapuleados por la vida, perdedores, borrachos, locos, putas, maltratadores, jefes abusadores, literatos sin talento… y un largo etcétera de personajes prototípicos que habitan ese lado oscuro de la Tierra de las Oportunidades.
Por todo esto, las hemorroides son bien significativas: de inmediato nos traen una derrota, una dieta fundamentada en la comida rápida y la inactividad frente al televisor como tiempo de ocio (el obrero llega tan destruido a casa que apenas puede emborracharse frente a la tele). Por ello, y aunque ha refrenado la presencia de este mal en el volumen del que os hablo, no se resiste a mostrarnos ese lado de los Estados Unidos concebidos como una gran cadena de producción esclavista, y lo hace, concretamente, en uno de los últimos textos, el descacharrante Una sucia treta contra Dios.
Descacharrante, en efecto, surrealista y pulp, porque el protagonista, un obrero empaquetador en una cadena de montaje, comparte apartamento con un misterioso Adolph, que no es otro sino el mismísimo Adolf Hitler, empeñado en traer al mundo una nueva raza aria. Dejando de lado lo divertido y anecdótico de la situación, Bukowski vierte algunas reflexiones sobre la sociedad del momento (en concreto sobre el individuo de esa sociedad del momento) y dibuja con vivos colores desesperados esa cara B del sueño americano, ahora convertido en pesadilla a causa de la trituradora de su literatura:
De camino a casa, Harry se detuvo a cenar en un restaurante de una cadena. Se sentó solo. La camarera llegó. Era indiferente y aún así falsa, un poco gorda y un poco desdichada. Los gordos y los desdichados se enfrentaban entre sí para alcanzar la supremacía. No tenían la menor oportunidad en un sentido ni otro (…) Harry miró a la gente de su alrededor. Todos parecían feos y cansados. Eran feos y estaban cansados. Eran perdedores. ¿Dónde estaban los ganadores? ¿Dónde estaba la gente hermosa? Todos esos a su alrededor: parecía un crimen estar vivo. Y era uno de ellos (…) Toda la gente de su alrededor consumía la comida absorta en una oscura claudicación”.
Dentro de este panorama devastador pululan los personajes de Bukowski a los que me refería algo más arriba, a los que debemos sumar su propia figura vertida en los relatos, bien como Hank, bien como Chinaski, bien con su nombre y apellidos, pero siempre caracterizado como escritor, bebedor, borracho, mujeriego y algo violento.
Sin embargo, quizás porque la tirada de relatos finales del volumen estaba destinada a publicaciones de voltaje como Hustler y Oui, aparecen algunos personajes no tan comunes en la literatura bukoskiana, al hilo, también, de la actualidad del momento: capos de la mafia y de las drogas y secuestradores de aviones.
Los dos relatos que aparecen en el libro sobre secuestros aéreos, y que de una u otra forma o tienen un móvil sexual o desembocan en sexo, están fechados en 1979 y enero de 1984. El primero, se mantenía inédito, pero el segundo, Surcar los cielos acogedores, apareció en la revista Oui del mes de enero de 1984.
Algunos números de Hustler en cuyo interior aparecen relatos de Bukowski:



Para El avión es el medio de transporte más seguro, que se sostiene sobre los mismos pilares delirantes que alimentan todo el libro, cualquier secuestro aéreo llevado a cabo unos meses antes puede muy bien haber sido material válido para que Bukowski se inspirase, pero el método de los dos hombres con un maletín bomba no puede sino recordar al secuestro llevado a cabo por Dan Cooper (o eso se cree), que el 24 de noviembre de 1974 llevó a cabo un sonadísimo acto de piratería aérea en un Boeing de la Northwest Orient que cubría el trayecto entre Portland Seattle, amenazando con una maleta bomba a la azafata, intercambiando rehenes por 200 mil dólares y, una vez de nuevo en vuelo, saltar en paracaídas para perderse su rastro para siempre.
Retrato robot de Dan Cooper y cartel de captura elaborados por el FBI:


Las frases de los secuestradores, que en el relato toman el avión por mero frenesí sexual, dado que quieren violar a las azafatas, refiriéndose en varias ocasiones a que tienen resuelto el plan de escape, hace pensar en este extraño suceso que todavía continúa sin resolverse en los Estados Unidos.
Por su parte, para el relato publicado en Oui, podría haber servido de ejemplo el secuestro del vuelo 181 de Lufthansa a cargo de cuatro miembros del Frente Popular para la Liberación de Palestina, y que realizaba un trayecto entre Palma de Mallorca y Frankfurt. En lugar de cuatro, son tres los secuestradores de Bukowski, pertenecientes a la organización de Los Guerrilleros por la Libertad, y exigen que el avión vaya a Cuba.
Dos revistas Oui que contienen relatos de Bukowski:


En cualquier caso, Bukowski ficcionaliza un asunto como los secuestros aéreos que en aquellos momentos se encontraba de plena actualidad, salpimentándolo con la dosis erótica y sexual que demandaba la revista para adultos en donde se publicaban los relatos. Pero cierto es que los secuestradores de aviones nos son unos personajes habituales en Bukowski, al igual que sucede con el tono narrativo y la ambientación de No quieres ser mi corazoncito, para el Oui de junio del 1985. Aquí, aparece un policía incorruptible, una femme fatal, una banda de matones y un capo poderosísimo de la mafia que podría haber sido protagonista de cualquier novela o relato de James Ellroy.
Es cierto que Bukowski, cuando no escribe sobre sí mismo, lo hace sobre una visión americana que puede denominarse como pulp y que incluye este tipo de ambientes (valga como ejemplo su última novela detectivesca y titulada así precisamente, Pulp —también publicada por Anagrama—), pero los personajes de este relato, tal vez por las exigencias de que estaba escrito para la revista Oui, son algo diferentes a lo que su autor nos tiene acostumbrado.
Ahora bien, dentro de este compendio de rarezas de Bukowski, hay una que me ha parecido que destaca por encima de todas, y es el relato sin título que aparece entre las páginas 47 y 53, como una sección bajo el epígrafe Tal como aman los muertos, y que aglutina diferentes escritos. Estamos, sorpréndanse ustedes, ante un cuento distópico satírico, quizás una de las mayores joyas que esconde este tesoro de Las campanas no doblan por nadie.
El General Curtis Lemay.
Un nuevo PresidenteWallace, y su Vicepresidente Le May, llevan al país a un estado de sitio, donde la policía represiva campa a sus anchas (con 30 millones de parados y ametralladoras y barricadas amenazando y aislando los barrios negros y pobres). El presidente y vicepresidente retratados están tomados de los auténticos George WallaceGobernador de Alabama, y el General Curtis Lemay (en este caso el apellido va escrito junto) que se presentaron a la carrera electoral de 1968, formado equipo y defendiendo el American Independent Party Against Richard Nixon, alejándose así del bipartidismo oficial entre demócratas y republicanos. Al final ganó Nixon, pero Bukowski, al hilo de la actualidad del momento, presenta una América bajo la hégira represiva de este dúo.
George WallaceGobernador de Alabama, y el General Curtis Lemay durante la campaña electoral.
Bukowski no duda en poner frases demoledoras en boca del Presidente y de su adlátere, como esta:
No soy racista —dijo Wallace—, pero supongo que si un hombre es pobre o negro, es por su culpa”.
En este tono, se nos va pintando una situación en donde el botón del maletín nuclear está en manos de semejantes descerebrados, con bastantes ganas de utilizarlo. Así, las fuerzas represivas se vuelven contra los intelectuales y, de entre ellos, se fijan en los escritores que han hablado de política en sus textos. Le llega el turno de recibir la visita al propio Charles Bukowski, mientras en los Estados Unidos hace furor un producto llamado Whitewash, un colorante blanco que, combinado con una peluca, lograba que los negros pudieran tener alguna oportunidad…
Tres interesantes chapas de la campaña electoral del dúo Wallace/LeMay:



La sátira que el autor pone en pie es destructiva, en un momento determinado se alaban las virtudes del nuevo sistema penitenciario que el nuevo Estado ha puesto en marcha:
“… el nuevo sistema penitenciario consiste solo en encerrarlos. Sin darles de comer. Ahorra un montón de pasta al Estado”.
Y cerca del final del relato, uno de los hombres que ha detenido a Bukowski le hace una revelación secreta en virtud de una extraña idea de lo que puede ser la solidaridad con los desarrapados y los perdedores:
Un capullo como tú se merece ser infeliz”.
Tras esa afirmación, le confiesa que el Presidente y su Vice han pulsado el botón nuclear. La hecatombe posterior pone fin a esta distopía desquiciada con la sentencia:
A Hiroshima le pusieron el nuevo nombre de América”.
Este Bukowski demoledor también resulta una trituradora crítica en los aspectos meramente relacionados con la literatura y la escritura, con el oficio de escritor, muy poco sacrosanto para él, alejado de los que mantienen elucubraciones románticas y que son, la mayoría de las veces, simples diletantes.
En otro texto sin título que se aglutina bajo el epígrafe Tal como aman los muertos, se asegura que:
la mejor manera de estudiar escritura creativa es vivir”.
Por eso, la escritura de Bukowski aparece siempre tan apegada a las experiencias de su autor, a la realidad, en donde pierde tiempo buscando trabajos fugaces que le permitan escribir, al menos, por una semana más. Esta circunstancia la define muy bien en un párrafo de un relato sin título que aparece bajo el epígrafe Un trozo de queso:
Un hombre tiene que liberarse de la presión de una manera u otra antes de poder ser inteligente de veras. Es difícil ser inteligente haciendo cola delante de la beneficencia para que te den unas alubias aguachinadas”.
De manera que, en este libro, que además incluye ilustraciones por mano del propio autor, tenemos una vuelta de tuerca más de un Bukowski especialmente duro e hiriente. El título, Las campanas no doblan por nadie, tiene un claro referente con Hemingway al fondo, y es también el último relato del libro —preparado para el Oui de septiembre de 1985—.
Detalle de la portada que ha elegido Anagrama para Las campanas no doblan por nadie, dibujo propiedad de la tienda de diseño online Regards coupables, especializada en ropa y cuadros de imaginería sexual explícita.
Enfrentado, de nuevo, a una situación pulp, el protagonista termina el relato viéndose en una escena rocambolesca e insostenible, para cerrar con una frase bien elocuente el texto y el volumen:
me puse en pie y me encaré de nuevo con aquello, pensando que, de una manera u otra, esto debe pasarle continuamente a todo el mundo…”.
En este intento de normalizar lo insostenible, de reflejar lo agobiante, de volver cotidiano lo infernal de cada día, Bukowski consiguió las mejores páginas de su literatura. Como ya os he dicho, en Achtung! reclamamos siempre una especial atención especial a este autor, y como muestra os dejo este enlace:
El volumen que nos trae ahora Anagrama representa un compendio perfecto de los rasgos mas hirientes y geniales de esa apisonadora alimentada por vodka y 7 up que fue este escritor para el que cualquier situación impensable era normal y típicamente norteamericana.
¡Feliz 99 cumpleaños, Hank

lunes, 12 de agosto de 2019

La noche se me fue de las manos-Max Ehrsam



*Esta crítica apareció en achtungmag.com:
http://www.achtungmag.com/la-noche-se-me-fue-de-las-manos-la-escritura-peligrosa-de-max-ehrsam/

La noche se me fue de las manos: La escritura peligrosa de Max Ehrsam

El escritor mexicano Max Ehrsam ha debutado con La noche se me fue de las manos, publicada por Alfaguara, una novela que me parece muy especial. Desde el primer momento me interesé por este libro, gracias a esas redes sociales que me están permitiendo el contacto con autores panameños, costarricenses, mexicanos, y de otros lugares que jamás habría imaginado. Después, me topé con un texto articulado en tres piezas que me fue emocionando mientras lo leía. Mucho más que la mera historia de una relación amorosa, todo un clásico literario, un tema sobre el que parece difícil que se pueda argumentar algo nuevo y que, sin embargo, Ehrsam lo consigue. De la forma en cómo lo consigue, y de alguna cosa más, os hablaré hoy en este Odradek de los viernes de Achtung!

Me he referido a mi interés por el libro antes de que se presentara, y a la importancia que han tenido las redes sociales a la hora de que, afortunadamente, pudiera conocerlo. Max Ehrsam era una de las muchas amistades virtuales (espero que ahora ya haya abandonado esa categoría), de esas que se tienen en Facebook y que, tras añadirlas y cruzar un breve saludo (si es que llega a producirse), uno se limita a ver las publicaciones esporádicas que van apareciendo en el muro y poco más.
Si se posee un Facebook orientado hacia la actividad profesional, como es en mi caso, lo normal es compartir contactos afines al trabajo, por eso lo tengo repleto de escritores. Así que, en algún momento, por ese efecto dominó de la teoría de los seis grados de separación, apareció en mi página un comentario de Mónica Braun —la editora de la mejicana Nieve de Chamoy, que hace un sensacional trabajo con los autores debutantes y de cuyos libros hemos realizado ya varias críticas en Achtung!—.
Mónica Braun se refería a la novela de Max Ehrsam y anunciaba que sería la encargada de presentarla. Si Mónica Braun elogia una novela yo no tengo la menor duda de que va a ser buena, y como muestra os dejo aquí los enlaces a las críticas que hemos realizado de algunas obras publicadas en el catálogo de Nieve de Chamoy:
Las referencias eran buenísimas, y rápidamente me entró un interés súbito por el libro de Max Ehrsam, publicado, además, por el sello de Alfaguara México, lo que ya es todo un debut sonado. Miré en mi Facebook y, ¡bingo!, mantenía amistad con el autor. Le mandé un mensaje por Messenger y mostró mucho interés en mi petición. Así que gracias a su generosidad y diligencia, en breve pude tener el libro en mis manos.
Cuando empecé a leerlo me di cuenta de que no me había equivocado: Mónica Braun tiene muy buen criterio. La noche se me fue de las manos es una novela que nos narra una relación amorosa entre dos hombres, una historia de amor, ya lo he dicho antes, el clásico literario más universal. Pero, Max Ehrsam sabe cómo presentarla y desarrollarla desde un punto de vista distinto. Esa es una de sus grandes virtudes.
¿Qué posee de especial la primera novela de Max Ehrsam? Como ya afirmé en un reciente video que realicé sobre esta obra en mi cuenta de Instagram, @literatura_instantaneaEhrsam pone en marcha su propia versión de la escritura peligrosa de Tom Spanbauer. Independientemente de que conozca esos métodos o no, coincide con algunos de ellos. Spanbauer, en su famosísimo taller literario impartido en Portland —ya sabéis, con alumnos de la talla de Chuck Palahniuk— acuñó este término de escritura peligrosa, que se afirma sobre una premisa fundamental, según sus propias palabras:
Escribir peligrosamente es ir a ese lugar secreto y oculto en nuestro interior. Hay algo allí triste y doloroso, pero es preciso ir, investigarlo y escribir sobre ello”.
Por eso Ehrsam practica una escritura peligrosa, porque relata desde las entrañas unas páginas cargadas de sinceridad, también de tristeza y dolor, con mano firme, con mucho saber hacer y con una sólida mirada crítica sobre la comunidad gay de San Francisco.
Tom Spanbauer, creador del concepto de escritura peligrosa.
Siguiendo la idea spanbaueriana de que si escribes sobre ti mismo, y a través de ti, podrás escribir sobre todo lo demás, La noche se me fue de las manos funciona como una confesión del protagonista; no en vano, salvo en unos pasajes muy determinados, está escrita en primera persona, y funciona como un vehículo de la desesperanza, circunstancia que suele caracterizar a la mejor literatura.
Lo siento, no he podido resistirme. El autor de esta columna de El Odradek con Chuck Palahniuk, alumno aventajado del taller de Spanbauer.
Además, Ehrsam cumple otra de las premisas técnicas de Spanbauer, lo que se denomina meterse en el cuerpo, táctica consistente en plasmar la historia desde la percepción sensorial del protagonista. Y de esto hay mucho —sobre todo de olores y sabores— en La noche se me fue de las manos. Para Spanbauer una buena narración debe aportar una concatenación de estímulos sensitivos (vista, olfato, oído, gusto y tacto). La novela de Ehrsam está muy apegada a lo físico (y a todo lo físico que, en especial, entra por la vista), también a lo táctil, a lo gustativo y a lo olfativo.
Enmarcada en estas pautas, la historia que nos cuenta el autor es de esas que dejan huella por el rastro de derrota que, inmediatamente, nos obliga reconocernos en ella porque a nosotros también nos ha ocurrido y nos abre, de nuevo, las heridas de una cicatrices quizás no tan cerradas como creíamos.
Esta narración se compone de tres piezas que se ajustan entre ellas. La primera, es la historia del narrador y de Nate, a la que asistimos desde el primer estallido furibundo y vamos contemplando como se apaga, porque los dos hombres son incompatibles, nada podrá, nunca, funcionar entre ellos. Es lo que el propio autor denominó en una entrevista al canal Televisa como:
una historia en presente de indicativo”.
Un término muy acertado, porque el libro arranca con la historia amorosa en la explosión inicial conducida por el deseo sexual, que a medida que avanza se va corrompiendo por las interferencias del pasado. Aunque la pareja quiera vivir en el presente de indicativo, en el aquí y en el ahora, al dilatarse la relación en el tiempo, el pasado acabará irrumpiendo con sus cargas, sus culpas, sus porquerías, para arruinar cualquier presente de indicativo y convertirlo en un pasado retorcido, diríase que en un pretérito pluscuamperfecto o, todavía mucho más odiado, en un pretérito imperfecto de subjuntivo; ese sí que hace daño.
Estas alusiones verbales no son una cuestión para despacharla a la ligera. El protagonista de la narración es editor de libros para la enseñanza del español, y se nos muestra la evolución de la relación amorosa mediante el avance de los figurantes que aparecen hablando en esos manuales didácticos. Al principio, solo pueden expresarse en presente de indicativo, y al final, las lecciones nos los muestran verbalizando ideas de pasado y de futuro. Este original aspecto lingüístico, derivado de la actividad laboral del protagonista, es la segunda pieza narrativa.
Max Ehrsam , el autor de La noche se me fue de las manos.
Una segunda pieza de la novela que se adhiere al costado de la historia amorosa. El protagonista y Nate—un Nathaniel que nada tiene que ver con el puritanismo del escritor norteamericano Nathaniel Hawthorne— son en principio como esos personajes de los libros de español, incapaces de expresarse y moverse en otro tiempo que no sea el del presente indicativo, y tampoco parece que eso les moleste mucho cuando arrancan una relación movida por la mutua satisfacción. El protagonista así lo entiende al afirmar en el arranque de la historia:
Vivimos en un mundo sin consecuencias”.
Los figurantes de los manuales son descerebrados que hablan del aquí y del ahora, y la pareja protagonista de Max Ehrsam disfruta de un vehemente tiempo presente en donde el sexo, las drogas y el amor, anulan por completo el pasado y el futuro.
Si embargo, como les ocurre a los del manual, poco a poco irá apareciendo en la relación una angustia por el futuro preocupante, y sufrirán una invasión del pasado aniquilador. La relación que se nos presenta es, así, una historia lingüística, en donde la felicidad se mantiene mientras pueda preservarse alejada de otros tiempos verbales.
El futuro empieza a destruir a los dos hombres en el momento mismo en el que comienzan a elaborar planes para la convivencia: aparte de que hay que buscar una casa nueva, Nate se muda de Chicago a San Francisco para estar con el protagonista, y eso ocasionará que pierda el trabajo de consejero psicológico para una ONG —una movilización algo radical, de un extremo a otro de los Estados Unidos—.
De manera que el gesto romántico ha puesto en peligro el futuro. Nate necesita trabajar, pero sobre todo lo que necesita es dinero. La relación amorosa que explotó en un Starbucks de Chicago en donde el protagonista se topó accidentalmente con Nate mientras estaba de visita en la ciudad, y que se concretó con una nueva coincidencia en una discoteca por la noche, se verá amenazada por esos fantasmas del futuro —no te asustes del futro, ese monstruo no vendrá, cantaban Nacha Pop en su tema Nadie puede parar—.
Pero ese monstruo, el futuro, empieza a aterrar a la pareja que, de inmediato, evoluciona como los figurantes del libro de español, y comienza a hablar también del pasado que los interfiere. El pasado ha llegado de la mano del futuro: Nate no tiene trabajo, así que hace algo que antes le proporcionaba un dinero extra en Chicago, se prostituye. El Leviatán de los tiempos verbales se aproxima con las dentelladas de sus fauces para reducir la relación a papilla.
Los huevos que deposita ese Leviatán del pasado son tóxicos: las relaciones familiares tortuosas de ambos irrumpen en sus vidas, así como la corte amigos que vampiriza a los dos hombres. Los amigos y la familia representan lo peor del pasado, los trapos sucios, las humillaciones, las vergüenzas, los errores, todo aquello que siempre deseamos enterrar bien hondo. Eso que necesitamos que la otra persona nunca sepa, conozca, que ni tan siquiera lo imagine. En esa línea se expresa el protagonista:
Todos mis recuerdos terminan invariablemente por avergonzarme”.
Con la enorme carga del pasado y el terrible futuro, que conduce a un cierre desolador de la novela, la relación que comenzó disfrutando del presente de indicativo se ha ido desmoronando a medida que transcurrían las páginas, y nadie, ni autor, narrador, ni protagonista, ni Nate, ni los amigos, ni siquiera el lector, pese a presentir la desgracia, pueden hacer nada por evitarlo. La noche se me fue de las manos alcanza un puerto abierto tras los dos años de relación de la pareja, porque no concluye de una forma determinante, y se intuyen demasiados naufragios de los protagonistas en el inmediato futuro.
Y eso que Nate siempre había sostenido la relación en el principio de la causalidad, y también en el de la casualidad: que ambos estaban destinados a conocerse y a permanecer juntos de forma inevitable. Incluso insiste en que:
Tú y yo hemos coincidido en otras vidas”.
Y más adelante se reafirma:
Ojalá pudiera explicarte lo que siento por ti (…) Hemos estado juntos en otras vidas; nos toca de nuevo estar juntos en esta. Te busqué durante años. Claro, si vivimos en distintos países durante tanto tiempo, cómo íbamos a encontrarnos. Quién hubiera pensado que iría a dar contigo en un Starbucks (…) Ahora dime, ¿cómo le hago para convencerte? ¿Qué puedo hacer? Dime”.
El protagonista, ante este tipo de explicaciones de su amante, afirma:
Nunca nadie se había sentido vinculado a mí por la inevitabilidad”.
El protagonista no puede convencerse de la contingencia, afortunadamente, porque en estos instantes podría llegar a parecer que la novela va a derivar a hacia ese género tan paulausteriano que es la novela de la contingencia, pero el autor sabe refrenarse y, gracias al escepticismo de su personaje, más apegado a lo real, puede conducir la situación por los laberintos verbales del pasado y del futuro, que resultan mucho más nutritivos e interesantes que la sarta de casualidades encontradas a la vuelta de la esquina (aunque esas casualidades disparatadas te puedan significar un Príncipe de Asturias de las Letras).
El autor en una foto promocional de la novela.
Y nos falta la tercera pieza de la novela, que aparece de vez en cuando, narrada en tercera persona, y que actúa como una especie de vacuna de realidad y desesperanza, una carga de amargura que todo lo convierte en tristeza. Me refiero a las apariciones de breves cuadros que presentan a muchachos y muchachas en diferentes situaciones de humillación, discriminación, sufriendo vejaciones, insultos, maltratos, segregadas por una vida que es demasiado cruel para acostumbrarse a ella.
Entre la historia del protagonista y Nate, se abre paso de forma atronadora el breve relato de Rodrigo, un muchacho que se identifica con el rol femenino de sus hermanas, hasta en el deseo de hacer ballet. El padre, viril, jamás lo permitirá: primera anatomía destrozada en apenas una página, que roza la historia de refilón dejándonos la perspectiva del futuro frustrado de Rodrigo, ese que han reprimido entre todos porque creen que eso significará lo mejor para él.
Bastantes páginas más allá aparece una niña negra, Zoe, que será segregada por su raza entre los compañeros del colegio nuevo, que la reciben como a un bicho raro. Además, los profesores la discriminan, y termina sola y aislada. Y después, aparecerá la historia de Ana, una alumna con un tic en el ojo izquierdo que, por causa del acoso y la ansiedad, se le dispara de forma incontrolable. Sus compañeros se reirán de ella y Ana, en un ejercicio de superación y aparente normalidad, se reirá con ellos. Pero con el paso de los años nadie permanecerá a su lado. Ya no resultará graciosa, y el tic ahora, de grandes dimensiones, le deformará media cara.
Alfredo es un matón de patio de colegio, violento y caprichoso, encastillado en su condición de repetidor de curso que lo ha convertido en el mayor de la case y, por ello, en el amo y señor. Pero eso no fue así en el curso anterior, donde se vio discriminado por su tono de piel moreno, demasiado hispano supongo, cuando nadie acudió a su fiesta de cumpleaños a pesar de haber invitado a todo el mundo. Así que, ahora, le toca pasar factura, aunque eso continuará haciéndolo impopular y solitario.
Y luego, por último, tenemos a Eva: a Eva le vendrá la regla en la clase de Ciencias Naturales, y desde ese momento los chicos la tildarán de puta, y las chicas, lejos de defenderla, alentarán esa idea. Tanto, que la propia Eva acabará por sucumbir a la presión y creérselo también. Su sexualidad desbordada será sobada por los hombres, sometida a la procacidad, y quedará embarazada a los 14 años.
Todos estos niños han conformado la tercera pieza narrativa de la novela. Han cruzado por el libro con sus historias terribles de humillación, segregación, bullying, racismo, inadaptación y crueldad, en principio ajenas a la historia principal (¿son ajenas realmente?), dejando la tierra literaria quemada, el sentimiento de los lectores acongojado, conectando con la indefensión de los personajes. Con estas ráfagas, el autor ha buscado la oscuridad de los pasados, de nuestros pasados, de cómo siempre se almacenan en algún lugar para después inundar de asco todo el futuro.
En esos niños frustrados, especialmente incomprendidos, incomprendidos por encima de todo, radica el germen de la novela y su tesis primordial: quienes soportaron (o soportamos un pasado así) solo podemos disfrutar del fogonazo del presente si viene anestesiado. En cuanto miramos al futuro, la vida se nos desmorona como un castillo de naipes, o la noche termina, irremediablemente, por írsenos de las manos con todas sus consecuencias.

Margo Rejmer-Bucarest. Polvo y sangre


*Esta crítica apareció en achtungmag.com:
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Margo Rejmer: visión de Bucarest entre el polvo y la sangre de la historia

La escritora y periodista polaca Margo Rejmer ha escrito en Bucarest. Polvo y sangre, publicado por La Caja Books, un libro extraordinario para comprender la verdadera naturaleza de esa ciudad y de sus habitantes. Siguiendo la línea del maestro Kapuściński, y también la de la Premio Nobel Svetlana Aléksievich, en el libro se otorga la palabra a los personajes que vivieron las tres fases más recientes de la ciudad: la ominosa época de Ceaușescu, los momentos peligrosos del cambio, y la desesperanzadora etapa actual. Algunos capítulos, como el dedicado a la Casa del Pueblo, el de los perros callejeros, o los que dan noticia de la extraña Revolución que terminó con el fusilamiento del matrimonio de tiranos, resultan impresionantes merced a la forma en que están escritos: con apego al suceso histórico, sin desdeñar el lirismo, escuchando las voces de quienes importan. Por todo ello, hoy, en este Odradek de los viernes de Achtung!, hablamos de la Bucarest de Margo Rejmer.

Y lo primero que me viene a la cabeza a la hora de hablar de Bucarest es mi estancia en esa ciudad, hace ya mucho tiempo: allá por noviembre y diciembre de 1991. Llegué en un ferrocarril-tortuga que tardó más de un día en unir Sofía con la capital rumana. Era de madrugada y mi compañero de compartimento, un estudiante de canto, se asustó mucho ante mi inconsciencia turística. Me insistió en que la ciudad era muy peligrosa.
Los problemas de entonces, esos que acechaban en la mente del cantante de ópera, y que me podían afectar, eran la alta posibilidad de sufrir un robo, y una violenta manifestación de mineros que amenazaba con sembrar el caos en la ciudad. Además, la estación, aquella Bucuresti Nord de enigmáticos nombres anunciados en sus paneles, trenes a Constanza o Baia Mare, no era segura para un descerebrado como yo.
Margo Rejmer, autora de Bucarest. Polvo y sangre.
El muchacho hizo gala de la amabilidad rumana y me acompañó hasta que me registré en un hotel. Al día siguiente me mudé a una habitación en una casa particular administrada por el servicio estatal, pero eso ya forma parte de otra historia que no tiene cabida aquí.
Con este recuerdo bucarestino, que puedo unir al de las Navidades de 1989 en una pensión londinense, aún retengo el nombre, Royal Court Lodge, y su montaña de tostadas para desayunar mientras veíamos las imágenes de la BBC en donde iban dando noticia de la Revolución que se había desencadenado en Bucarest, hasta que el día 26 de diciembre, el mítico Boxing Day británico, se me atragantó el bacón y hasta el zumo de naranja con las imágenes del fusilamiento de la pareja de sátrapas comunistas: Nicolae Ceaușescu y su esposa Elena Petreșcu —viceprimera ministra, doctora en química y, al parecer, casi analfabeta— eran ajusticiados sin miramientos.
Instantánea de la ejecución del matrimonio Ceaușescu.
Mi paseo por las desiertas calles londinenses ahogadas en el día festivo estuvo acorde con la desolación que me había producido, mejor dicho, nos había producido a los millones de europeos, el desenlace de aquella locura a la rumana. Pero si un país era capaz de doctorar en química a una analfabeta, mediante coerción, amenazas, corrupción, purgas, despidos y favores… entonces podía ser capaz de cualquier cosa al sumirse en un caos revolucionario, tal y como Margo Rejmer nos parece advertir en un capítulo de su libro acerca de la insostenible e insoportable arquitectura bucarestina: Algo oriental, algo demencial.
Mucho de eso hay en esta historia que, siguiendo el acierto con los títulos, la escritora polaca ha bautizado como Polvo y sangre. El polvo y la sangre del fusilamiento del Conducător, el polvo de una ciudad herrumbrosa y medio en ruinas, y la sangre de todo un pueblo sometido al comunismo, a la Revolución y a lo peor de la economía de mercado salvaje y desencadenada: mafias, drogas, prostitución, asesinatos, crímenes, corrupción…

El ciudadano rumano, actualmente, se encuentra indefenso ante el rugido de la historia, una historia que durante el siglo XX y esta parte del XXI ha sido como un drama en tres actos.
El primer acto se corresponde con aquella Rumanía comunista de Gheorghe Gheorghiu-Dej, porque, en efecto, antes de Nicolae Ceaușescu ya estaba otro desgraciado amargándole la vida a la gente desde su condición de Secretario General del Partido Comunista Rumano Presidente de la República, cargos a los que accedió Ceaușescu después de que la cirrosis se llevará por delante a su antecesor.
Gheorghe Gheorghiu-Dej.
De esa época comunista, de la era Ceaușescu, encontramos testimonios en el libro de Margo Rejmer que resultan casi increíbles si no supiéramos que en aquel desastre de país demencial todo era posible. Y todavía todo sigue siendo posible.
Portada del periódico El País en donde anuncia el final del Conducător  y su esposa.
Algunos de los disparates que se mencionan en el libro pueden ser tomados como meras ideas infantiles, como la de intentar enhebrar al régimen del Conducător la herencia de Trajano y DecebalTrajano, el emperador romano de origen hispano, como conquistador de los dacios —es decir, de los antiguos rumanos— y fundador de la Rumanía romana, y Decebal, el áspero rey de la tribu, prodigio militar y estratega, que prefirió el suicidio antes de caer en las manos romanas.
Decebal.
Un ejemplo de que todo es posible en Rumanía se encuentra en este doble binomio de búsqueda de una identidad, el conquistador que da gloria y el conquistado que, con su valor, genera la estirpe de sangre valiente. Tanto, que cerca de la ciudad de la localidad de Orșova, en una orilla rocosa del Danubio, se ha erigido la estatua de piedra más alta de Europa, 40 metros: dicen que es Decebal, pero si nos fijamos bien allí vemos al gran Jabba The Hut, el personaje de la Guerra de las Galaxias.


Disparates inocuos aparte, que pueden ser más o menos pintorescos o graciosos, otros asuntos que nos narra Margo Rejmer en el libro no tienen ni pizca de gracia, como la alianza del general Ion Antonescucon Hitler durante la Segunda Guerra Mundial y los 250 mil judíos deportados a Campos de exterminio, o el pacto posterior con Stalin, que hizo lo que le vino en gana con el país y con sus minorías.
Un par de sellos conmemorativos de Ceaușescu:


Sobre estos asuntos conviene recordar algunos textos del escritor rumano Norman Manea, exiliado en Estados Unidos y que entre sus temas trata el Holocausto, los movimientos migratorios caprichosos llevados a cabo por el estalinismo y la vida cotidiana y terrorífica durante el régimen comunista en Rumanía.
Norman Manea.
Destacan, entre su numerosa obra, El sobre negroEl regreso del húligan (una excepcional autoficción biográfica), los relatos de Felicidad obligatoria (título basado en la obligación que imponía el régimen comunista, todo el mundo debía sonreír porque Rumanía era el paraíso de la felicidad), El té de ProustLa guarida y un ensayo sobre los dictadores de elocuente título: Payasos, todos ellos editados por Tusquets.




Y ya que hablamos de Bucarest, y aprovechamos que el Dâmbovița pasa por la ciudad, no puedo dejar de recomendar La gran trilogía de Gregor Von Rezzori, compuesta por Un armiño en ChernopolMemorias de un antisemita y Flores en la nieve, libros en los que el autor nacido Czernovitz, en la Bukovina, nos muestra cómo era la Rumanía que formaba parte del Imperio Austrohúngaro y el Bucarest de esos años, especialmente en Memorias de un antisemita, la mejor de las tres novelas (editadas en un solo volumen publicado por Anagrama).

En los últimos años, el mayor culpable de aproximarnos literariamente a Bucarest ha sido el prodigioso Mircea Cărtărescu. A continuación os dejo un par de enlaces a críticas y análisis que he realizado en Achtung! de sus libros, para que complementéis la imagen de la ciudad que ofrece Margo Rejmer con la del escritor:
Y ya que hablamos de literatura rumana, esta panorámica:
Tampoco fue un acto nada inocente (ahora que ya nos hemos puesto al día sobre literatura rumana prosigo con el libro de Margo Rejmer), enviar como trabajadores forzosos a la construcción del canal Danubio-Mar Negro a todos los opositores del régimen, ya fueran intelectuales o campesinos, políticos o ciudadanos de a pie. En esto de la construcción de canales como sistema de reeducación, el comunismo ha tenido uno de sus puntos fuertes, como por ejemplo el Mar Banco-Báltico de Stalin, devorador de indeseables. Las víctimas del canal de Ceaușescu, a día de hoy, siguen siendo un misterio.
Dos imágenes de La Casa del Pueblo:


El sistema comunista rumano fue una inmensa trituradora. Una de las numerosas testigos a las que entrevista la autora declara:
Todos estábamos igual de indefensos ante el sistema”.
Esta era la idea política del Conducător, un país en el que, mediante la colectivización forzosa, es decir, el robo de sus pertenencias, ganado y cosechas a los agricultores, perseguía un objetivo:
que todo el mundo tenga lo mismo, una misma nada”.
Y una vez controlado todo el sistema, los resortes del Estado totalitario podían centrarse en su verdadero cometido, aniquilar cualquier voluntad de la población. En la ciudad de Pitești, a unos 120 kilómetros de Bucarest, y conocida por su excelente aguardiente de ciruela, se albergaba uno de los peores centros de detención del comunismo de Ceaușescu. Un superviviente de la cárcel de Pitești declara en el libro:
Creo que los métodos empleados en Pitești no existen siquiera en el infierno. Ni siquiera allí. Hay cosas que la mente humana es capaz de imaginar”.
Obviamente, este periodo ha dejado una huella profunda en los rumanos, que sin embargo prefieren olvidar, incluso soslayar. Sobre este curioso aspecto del comportamiento rumano, encontramos estas declaraciones en el texto:
Todos los rumanos somos fatalistas. La historia nos ha enseñado a sufrir. Nos ha preparado a la eventualidad de perderlo todo. Y aparte de esto, nos dividimos en idealistas y pesimistas. Los idealistas saben cómo debería ser Rumanía, pero al confrontar su visión con la realidad, viven amargados. Los pesimistas, por su parte, ni siquiera están amargados, sencillamente no alberga esperanza alguna”.
Como ya he comentado en la entradilla, uno de los capítulos más impactantes es el dedicado a la construcción de La Casa del Pueblo, titulado El panteón del dios rumano. Lo primero que hace la autora es definir la monstruosa construcción como:
un edificio con los atributos de un agujero negro”.
En efecto, porque Ceaușescu destruyó más de 7.000 casas de la parte alta de la ciudad, la más antigua e histórica, además de doce iglesias, dos sinagogas y tres monasterios. Se baraja que durante la construcción de la mole (el edificio administrativo más grande del mundo junto con el Pentágono) murieron cerca de diez mil trabajadores, aunque las cifras nunca han podido ser comprobadas. No es de extrañar, por tanto, que se afirme que el edificio de La Casa del Pueblo:
está levantado contra el ser humano”.
Por supuesto que hay quien se pregunta cómo los rumanos no se rebelaron antes contra su Amado Líder. En el libro encontramos una afirmación determinante:
Si tenía yo en mi piso seis grados de temperatura, ¿cree usted que iba a pensar en cómo rebelarme contra Ceaușescu o en como calentar el cuarto de baño para que mi hija no cogiera cistitis cuando iba a hacer pis?”.
Otro aspecto demencial lo encontramos en el capítulo dedicado al Decreto 770 que el primero de octubre de 1966 emitió Ceaușescu sobre la interrupción legal del embarazo. Obsesionado con un boom de la natalidad que llevara al país a los 25 millones de rumanos en el año 2000, el aborto pasa a ser reprimido con furia. Los abortos clandestinos se sucedieron, los nacimientos de hijos no deseados también, se incrementaron los huérfanos y las condiciones atroces en los orfanatos, los preservativos debieron comprarse de contrabando, y así nació toda una generación desdichada, la de los hijos del decreto.
Dos carteles de los Ceaușescu caracterizados como padre y madre del pueblo rumano:


Los abortos se realizaban en casa, muchas veces las mujeres se hacían ellas mismas los raspados; se usaban agujas de punto, se trasladaban grandes pesos para obligar a la muerte de los fetos, pero, aun así, cerca de tres millones de rumanos en el exilio, actualmente, son hijos del decreto, o hijos de aquellos hijos. Y en Rumanía, en el año 2000, eran 21 millones y medio de personas. El delirio del Líder generó un desastre: al caer el régimen y derogarse el Decreto, por cada 220 mil nacimientos se practicaron 127 mil abortos.
Tumba de los tiranos.
El segundo acto histórico bucarestino que nos trae la periodista polaca fue la Revolución que terminó con Ceaușescu. La autora se aproxima a ella de una forma dramática y teatral, dando a entender que los sucesos acecidos tuvieron mucho de extraños y sospechosos, un sinsentido más en la historia de los rumanos.

El poderoso matrimonio cuando aun vivía tiempos felices.
En cualquier caso, y tras leer estas páginas fascinantes sobre la caída del Régimen en donde:
los rumanos tienen la sensación de haber sido meras marionetas, de que una mano extraña manejaba los hilos”,
nos encontramos con una nueva Rumanía fundada en el caos y en la mentira, en donde las personas del entorno de Ceaușescu han sabido hacerse con el poder, y se aprovechan del afán de olvidar de los rumanos.

Incluso la revista Time le dedicó a Ceaușescu una de sus pestigiosas portadas.

Así es este apasionante libro sobre la esencia de Bucarest, también sobre la esencia rumana moderna, de la que se trata en la tercera parte: la ciudad bajo el capitalismo más cruel e inhumano. Las jaurías de perros abandonados siembran el pánico en la ciudad, los mordidos, incluso devorados, y los afectados por la rabia se suceden en cifras increíbles de decenas de miles junto a la miseria, las ruinas, la pobreza, que convive con el ritmo de cada día. Como asegura la autora del libro:
Bucarest asume los pecados de toda Rumanía para que el resto del país siga siendo hermoso”.
Margo Rejmer ha escrito un libro fabuloso, ha erigido una Bucarest entre el polvo y la sangre de sus habitantes, que se han acostumbrado a vivir inmersos en esa circunstancia. La autora ha escrito también un libro del mismo estilo sobre Tirana, titulado Barro más dulce que la miel. Voces de la Albania comunista. En la solapa del libro, la editorial de La Caja Books anuncia que lo publicarán pronto. AlbaniaMargo Rejmer y Tirana: volverá a ser otra cita literaria, como la de este Bucarest, imprescindible y fascinante. Y nos ayudará a comprender un poco mejor el mundo en el que vivimos y el mundo del que venimos.