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martes, 8 de enero de 2019

La cena equivocada-Ismaíl Kadaré



*Esta reseña apareció en Mi Nueva Edad:
https://www.minuevaedad.com/actualidad/2019/1/7/el-libro-del-mes-la-cena-equivocada-de-ismail-kadare/

Título: La cena equivocada
Autor: Ismaíl Kadaré
Editorial: Alianza Editorial
Número de páginas: 224
Año: 2011

Los mitos clásicos vienen a cenar esta noche

Acaban de pasar las Navidades, unas fechas pródigas en comidas y cenas abundantes. Por eso, el libro que os traemos para el mes de enero en Mi Nueva Edad trata también sobre una celebración en torno a una mesa, más bien una negociación realizada durante una cena que tal vez nunca debió ocurrir o que, es una posibilidad, jamás existió.
En cualquier caso, La cena equivocada que nos trae el escritor albanés Ismaíl Kadaré será una cena desdichada que acarreará la desgracia de sus comensales principales. El argumento inicial es bastante simple y atractivo: una columna blindada del Ejército alemán llega hasta Gjirokastër en su avance por Albania durante la Segunda Guerra Mundial. Estamos en 1942 y son recibidos de forma hostil por parte de los partisanos.
Los nazis deben responder al ataque: lo harán reuniendo a un grupo de rehenes a los que fusilarán en la Plaza de la localidad. Sin embargo, aquí aparece el primer elemento discordante, al mando de la columna se encuentra el coronel Fritz von Schwabe que resulta ser amigo de la época de estudios universitarios del principal médico del lugar: el doctor Gurameto el Grande.
Apelando a la amistad, el buen médico invita a una cena en su casa a los alemanes. Allí tratará de negociar para evitar los fusilamientos y, de paso, salvar al único judío local. Desde esta premisa, la novela se abisma en un cono de posibilidades, problemas, una espiral de conjeturas apasionante e hipnótica en donde nada es lo que parece y nadie quién dice ser.
Kadaré teje un brillante tapiz de motivos míticos encadenados en esta narración apasionante: desde el Don Juan y la conocida como Cena Cadavérica y la invitación del muerto a comer, pasando por el conocido Sueño de siglos del Abad Virila o la leyenda de Martin GuerreRip Van Winkle y el Comendador, o el monstruo de Frankenstein y el propio Golem, aparecen en el trasfondo de la historia, sin olvidar la obsesión por el juego de los dobles y los viejos cuentos y las baladas tradicionales albanesas.
La aparición de estos mitos, que son clásicos en el imaginario de Kadaré y que siempre maneja a la perfección, no oculta la brutalidad de una historia descarnada que, además, tiene lugar en la ciudad en donde nació el escritor, esa Gjirokastër tan bella como arisca, escenario perfecto para poner en marcha una ficción tan inquietante como la de La cena equivocada.
Durante la cena todos sospechan de todos, pero al final, la Gran Sospecha, se producirá tiempo después, con la llegada de la triunfal Albania comunista de Enver Hoxha. Esa cena será vista con una carga maligna: traición, colaboracionismo, espionaje…, y algunos otros giros sorprendentes que dejo ocultos para regocijo del lector, que me agradecerá la inmersión en una de las obras más recientes del albanés, ya pertenecientes a su narrativa del siglo XXI, más apegada al desarrollo de historias complejas y técnicas innovadoras.
Pero, no por ello, La cena equivocada puede resultarnos una novela difícil de abordar; al contrario. Su historia es apasionante, el desarrollo impecable, y sirve como ejemplo de la forma en que muchos héroes lucharon y se sacrificaron por los demás en momentos de suma delicadeza (cuando otros no hicieron nada) para, después, ser acusados y condenados con tanta injusticia como dureza.
Así fue la repleta historia del siglo XX, la de la batalla entre nazismo y comunismo, la de Hitler contra Stalin, y de eso tratan, precisamente, las páginas de La cena equivocada. Y por ello resultan tan amargas como imposibles de ignorar.

jueves, 13 de julio de 2017

El Palacio de los Sueños-Ismaíl Kadaré (2)


*Esta reseña apareció originalmente en el sitio minuevaeadad.com:

https://www.minuevaedad.com/actualidad/2017/7/5/el-libro-del-mes-el-palacio-de-los-suenos/

Título: El Palacio de los sueños
Autor: Ismaíl Kadaré
Editorial: Cátedra
Número de páginas: 232
Año: 1981

¿Literatura albanesa? ¿Pero eso existe? Entendería que muchos se hicieran esta pregunta al leer la reseña de una novela de un autor albanés, del mejor autor albanés de la historia, y de uno de los novelistas fundamentales del siglo XX y parte del XXI; y además, candidato eterno al Nobel, premio Príncipe de Asturias de las Letras en el año 2009 y ganador del prestigioso Man Booker Internacional. Estas credenciales son más que suficientes para responder a la pregunta: Sí, existe la literatura albanesa. Y El Palacio de los sueños, una de sus cumbres, es una de las novelas claves de finales del siglo XX.
Ismaíl Kadaré desarrolla su narrativa inmerso en el abismo del terror de un Estado totalitario y sanguinario: la Albania comunista de Enver Hoxha. Escribir, y tratar de ir en contra de los preceptos del realismo socialista, significaba jugarse la vida. El Palacio de los sueños es una de las apuestas más arriesgadas de Kadaré, que lo colocó al borde del desastre. La obra fue censurada durante siete años y Kadaré acabó seriamente amenazado por el Régimen. ¿Qué representaba esta novela para resultarles tan peligrosa a los dirigentes del Partido Comunista de Albania?
El Estado totalitario es un engranaje que tritura a los individuos, incluso controlando sus pensamientos: porque el Palacio se encarga de recolectar, estudiar, clasificar e interpretar, los sueños de todos los súbditos del Imperio. Necesita encontrar, entre ellos, los que denuncien futuras conspiraciones para que así puedan ser reprimidas antes de que ocurran; nada puede ser más arbitrario. Tal y como sucedía en el Régimen de Enver Hoxha, un sistema erigido a golpe de sospechas, consolidado con juicios sumarísimos y asesinatos. Esa es la denuncia que ejerce Kadaré en esta novela repleta de símbolos y situada en el Imperio Otomano durante sus tiempos de ocupación de Albania como escenario para, así, establecer una comparación, sin nombrarlo, con el Régimen albanés. Kadaré construye uno de los mayores alegatos contra el totalitarismo comunista, sin mencionar ni una vez al tirano, ni a Stalin, ni a la Unión Soviética, ni a nadie.
Esto es posible porque la novela de Kadaré alcanza mucho más allá, cargada con unos componentes kafkianos y oníricos demoledores. El texto entronca con el imaginario sobre el control de las masas desplegado por George Orwell en su obra 1984. El tema de las novelas de Kadaré siempre gira en torno a la alienación del individuo dentro de una sociedad, la mayoría de las veces zarandeado por reglas tan inhumanas como incomprensibles. En el seno de la distopía se inserta un funcionario, Mark-Alem, que hará carrera en el Palacio, recorriendo todos los estamentos y aprendiendo de las prácticas para descifrar los sueños indeseables. El sistema opera con una malignidad repulsiva y aterradora.

Por todo ello, El palacio de los sueños fue una novela muy peligrosa para su autor, un texto con el que los integrantes de la inteligencia política del Estado de Enver Hoxha se sintieron amenazados. Esta novela, que merece ser calificada como una obra maestra de Kadaré —y no es la única, afortunadamente—, es también la mejor forma de trabar conocimiento, gracias a un texto fascinante, absorbente e inquietante, con una de esas literaturas marginales que encierran obras y autores mayúsculos. Y, por supuesto, la manera en que, una vez descubierto por el lector, Kadaré lo acompañe ya para siempre, con la excelencia de su obra y el descomunal grito de su denuncia.

jueves, 1 de septiembre de 2016

El viaje nupcial-Ismaíl Kadaré


DE ENTRE LOS MUERTOS

¿Quién trajo a Doruntina? Esa es la pregunta que asedia al lector, y el título original de la novela, traducida al español como El viaje nupcial, una interrogante sobre la persona que fue a buscar a una mujer a otro país y la trajo de retorno a Albania, en un trayecto nocturno y casi onírico, entre barro, rocío y estrellas.

Kadaré, primero, parte de la leyenda: Doruntina, casada con un extranjero de las tierras de Centroeuropa, abandona el hogar materno. Sin embargo, uno de los hermanos jura que, en el caso de que ocurra alguna desgracia familiar, cabalgará en su búsqueda y la traerá de vuelta a casa. Así, una noche, tras un agotador viaje de varias jornadas cabalgando en donde lo onírico y lo vaporoso se han mezclado hasta convertirlo todo en una pasta de percepciones para la muchacha, Doruntina toca a la puerta del hogar materno. Aterrada, la madre le pregunta a su hija cómo ha venido de vuelta, con ese crucial “¿quién te ha traído?”. La muchacha sólo posee una respuesta, la lógica, por otro lado: el hermano. Sin embargo, el hermano, que ha dejado a Doruntina frente a la puerta de la casa y se ha vuelto a la iglesia, aduciendo que allí le aguardan asuntos por resolver, ese hermano, ha muerto junto a los otros ocho, en una guerra en la que el ejército enemigo los contagió de la peste. Así las cosas, ¿pudo ser el cadáver quién se levantó de la tumba para cumplir con la palabra dada? En la iglesia, la tumba de Kostadin, el hermano, tiene recién removida la lápida. ¿Es un juego macabro? ¿Qué y, sobre todo, quién se esconde tras todo ello?

Estas, y otras preguntas, se formula el lector, realmente azorado en su curiosidad, mientras acompaña al capitán Stres en sus investigaciones. La novela toma así una suerte de vericuetos detectivescos, en una especie de thriller medieval. Y lo que en principio se tratará de intentar destapar un engaño de forma deductiva, -engaño, una mentira, adulterio, hasta incesto, o lo que puede encontrarse tras semejante ardid macabro- se complica implicando a la iglesia y al poder, al Estado, preocupados por el bagaje revolucionario que contiene la afirmación de que Kostadin se haya levantado de la tumba para cumplir con la palabra comprometida.

Porque, en efecto, el único que se ha levantado, demostradamente, de su tumba, ha sido Jesucristo. Si Kostadin lo hizo, también, la iglesia se enfrenta a un monumental problema. Y si un albanés, hasta muerto, cumple con la promesa dada, y el pueblo se lo cree, se inocula en ellos un germen muy pernicioso que podría provocar altercados, indisciplinas y terminar desencadenando revoluciones. El viaje de Doruntina, a lomos del caballo y abrazada a la cintura de su hermano resurrecto, se torna en algo mucho más tremendo que una leyenda macabra: es un problema de índole religioso al lindar con la herejía, pero también lo es político, de orden social y de seguridad.

De esta manera, presionado desde varios frentes poderosos, Stres se muestra escéptico, al principio, con una historia de la que no cree en absoluto su componente sobrenatural, aunque tenga en su propio ayudante la mejor versión del albanés crédulo y supersticioso, presuroso a dar pábulo, convencido de que el hermano de Doruntina salió de la tumba para cumplir con su palabra. En este clima de tensión, el suceso se va adornando de una cobertura mágica y trascendente, hasta convertir la investigación en una cuestión de Estado, y la identidad de quién trajo a Doruntina pase a ser la clave de un misterio que alcanza mucho más lejos de los cantos míticos de los aedos.

Ahora, se trata de una historia de esperanza, una esperanza que ha germinado la leyenda en el corazón de los hombres, y esa especie de liberación de la realidad anodina imperante, del sometimiento al Príncipe, les permitirá albergar con optimismo la idea de que, incluso desde la muerte, se puede liberar el espíritu; nadie puede sojuzgar las creencias individuales y los propios pensamientos. Y nadie, además, por muy poderoso que sea, conseguirá dominar en lo más íntimo del ser humano.

Y eso es lo verdaderamente revolucionario de la cabalgada de la Doruntina regresada.

Las palabras, que forjan las leyendas, se alimentan de la necesidad que tiene el hombre de crear y contar historias, de ser contado y encontrado en ellas, de escucharlas y de adoptarlas como suyas, como certeras, alcanzando la verdad en la novela de Kadaré un estado por encima de la lógica, la realidad y lo posible: trascendiendo la necesidad humana hasta un grado de fervor tal que, por nuestros sueños y la libertad de pensamiento, de la mente, somos capaces de hasta levantar a los muertos de sus tumbas.

sábado, 7 de septiembre de 2013

Noviembre de una capital-Ismaíl Kadaré



ANUNCIO DE LO QUE VENDRÁ DESPUÉS

Albania en la encrucijada, Albania frente al abismo, Albania en el tránsito, Albania terminando una época y empezando otra, Albania empezando una nueva historia y cerrando otra, Albania liberándose y Albania encadenándose como Prometeo: Albania en su cruce de caminos, todo eso es la novela Noviembre de una capital; donde la capital es Tirana, y noviembre es el mes de noviembre de 1944, momento en el que, tras encarnizadas luchas, los guerrilleros comunistas libran el combate definitivo ante las tropas invasoras nazis, triunfan y, bajo las máximas estalinistas, deciden el rumbo que tomará el país durante las siguientes decenas de años.

Kadaré refleja dos tipos bien diferentes de luchas, las militares, llevadas a cabo por los partisanos contra los alemanes en el paisaje urbano, con plazas donde permanecen varados carros blindados semiderruidos o batallas por tomar el control del edificio donde se ubica la emisora de radio, y la otra contienda, la política, la llevada contra el enemigo de clase, la que conduce a detenciones de albaneses por otros albaneses, la que comprende la incipiente purga de la clase poderosa, de los burgueses adinerados, por parte de las tropas populares.

Liberación y comunismo se dan la mano en una serie de escenas que reflejan cuáles serán las directrices que gobernarán la nueva Albania, la joven y nueva Albania: represalias, terror, juicios sumarísimos, sadismo, revanchas, venganzas y arbitrariedades. El texto, conformado por el aliento de un gran número de personajes, compone la ya clásica forma de narración coral que Kadaré ha utilizado en El gran invierno, por ejemplo, como una manera de aproximarse a las vidas cotidianas (aunque en este caso sean vidas cotidianas enmarcadas en el estado excepcional de una guerra y de una liberación y del advenimiento del comunismo), las vidas comunes de quienes compondrán el cuerpo de la Albania del régimen.

Por estas páginas desfilan hombres y mujeres comunes, no hay héroes de grandes gestas bélicas, tan sólo voces que componen una sola voz modulada en dos tonos: los represaliados y los represaliadores, los vencedores que a la par son vencidos, y viceversa, en un ejercicio desquiciado y absurdo de encadenamiento político donde las fuerzas de seguridad del pueblo, encargadas de eso, de su seguridad, serán las que mayor inseguridad le provoquen; es una paradoja más que añadir a la colección de paradojas que se plantea en Noviembre de una capital, donde los libertadores son carceleros, la justicia peca de injusticia, el amanecer resulta un anochecer, la alborada de la nueva Albania será el crepúsculo de todo un país, y el sistema de libertades se tornará en un conjunto de arbitrariedades. De la utopía a la distopía.

La prosa de Kadaré recorre los descampados, los vericuetos de la Tirana en llamas, de la Tirana en ruinas, de la Tirana asediada y asfixiada por los combates en la que alborea un futuro de pesadilla. Son los vencedores quienes se arrogan la capacidad de juzgar bajo el prisma de las nuevas leyes, son los vencedores los que se permiten crear una nueva casta, la de los desclasados, son los vencedores en la batalla ideológica y política quienes establecen una nueva visión del mundo bajo el prisma del comunismo. Son los vencedores quienes se creen que liberan a los compatriotas de antiguos crímenes, pero se equivocan porque, parafraseando una letra de una canción de Paul Weller, la historia probará con el tiempo que las leyes de hoy serán los crímenes del mañana.

Y en el caso de Albania, eso no fue nunca más certero.

Aún siendo una notable novela de Kadaré se trata de eso, de notable. Notable en comparación con otros textos sobresalientes y con algunos pedazos de su producción tan magníficos que dejan a este texto un poquitín por debajo. Me da la sensación de que la novela no consigue ocupar un lugar destacado entre la obra del albanés.

sábado, 10 de agosto de 2013

Días de juerga-Ismaíl Kadaré



DADAÍSMO PUNK

Días de juerga es una novela corta, una nouvelle escrita en 1963, y que en España aparece en el volumen Cuestión de locura, junto a otras tres novelas breves de Kadaré. El texto de Días de juerga pertenecía a un primer borrador de la obra La ciudad sin anuncios –aún sin publicarse en español-, pirueta arriesgada de su autor, hasta el punto de que algunos amigos le recomendaron prudencia a la hora de publicarlo. Al final, Kadaré desgajó un texto breve, titulado Días de café en su idioma original, que hacía gala de un humor dadaísta y arriesgado, disolvente con el realismo socialista y que, en tono de chanza y choteo, critica la concepción estética del régimen. Tamaño ataque no podía pasar desapercibido para la censura, y el texto sería prohibido por decadente y extraño a la realidad socialista.

Lo que hace de Días de juerga un texto demoledor, es su capacidad para poner en entredicho los valores que sustentan el régimen gracias a un humor surrealista. Amparado en él, Kadaré dinamita las bases del Estado arremetiendo contra las instituciones y la autoridad. Los protagonistas, dos jóvenes descerebrados que se embarcan en la búsqueda de un manuscrito de un legendario autor albanés, búsqueda motivada por la abulia y por el aburrimiento y sin creer en ello, dejando pasar las tardes entre cigarrillos y cafés y copas de coñac, son una carga de profundidad contra la Albania del momento, que aparece retratada como un país donde la abulia, la desidia y la alienación conforman el día a día de sus habitantes.

En esta temprana narración ya aparecen algunas de las características de lo que definirá la obra de Kadaré en algunos de sus aspectos: el tiempo climatológico como determinante del tedio y del hastío, como reflejo deslucido del paraíso socialista, así como ciertas reflexiones literarias o metaliterarias, y un trazo seco y directo a la hora de caracterizar a los personajes, con unos golpes de humor desazonadores e inquietantes. La conciencia de los personajes que piensan que se asemejan a protagonistas de novelas modernas, de esos que siempre fuman en brazos del hastío, los acerca a una realidad ajena al régimen y a los preceptos del socialismo realista en las cuestiones literarias. El texto de Kadaré se vuelve, así, una reflexión ácida, destructiva, de un dadaísmo punk peligroso.

No se puede negar que la obra novelesca de Kadaré está teñida de ciertos pasajes y momentos oscuros y truculentos, duros, terrosos y agrietados, muchas veces empapada de sangre. Por ello, todavía sorprenden más estos Días de café, anclados en un sólido humor descarnado que se asemeja al rictus de una calavera. Kadaré ataca a las instituciones, a los comportamientos, a la tradición, a la historia, a todo aquello en lo que se sustenta el régimen, simplemente con el retrato del comportamiento de sus protagonistas, los jóvenes que se aburren y fuman, y se aburren y beben, y se aburren y se tumban en la cama a dejar pasar el tiempo, y se aburren y se creen como personajes modernos de esas novelas ajenas al realismo socialista que pintará héroes estajanovistas y protagonistas entregados al Partido.

Un texto breve, pero de enorme carga y crítica, que se cimenta en un humor extraño que consigue, primero sorprendernos, después, hacernos soltar la carcajada, lo que, tratándose de Kadaré, no deja de ser algo notable.

Una novela breve que sorprende en el marco de la producción literaria de su autor por lo que contiene de esperpento, por lo disolvente y por la sonrisa que se dibuja en la cara al leerla, plagada de un humor colorista para dibujar el reflejo de una sociedad en blanco y negro pintada por Kadaré de una manera desoladora.

martes, 25 de diciembre de 2012

El Gran Invierno -Ismaíl Kadaré




LA CAPILLA SIXTINA DEL COMUNISMO

Suele ser habitual realizar una comparación de El gran invierno (1973) con Guerra y paz, denominando así, como una Guerra y paz a la albanesa, la obra de Ismaíl Kadaré. Yo, bien poco encuentro de todo esto en la novela, a no ser una coincidencia con la extensión monumental del texto. Sin embargo, el trabajo que realiza Kadaré en esta ocasión se me asemeja mucho más al fondo de ideas y reflexiones transversales que atraviesan la Vida y destino de Grossman.

La vida cotidiana durante el comunismo, la vida de la gente en el totalitarismo, muy bien podría ser una forma de definir El gran invierno. La novela, un monumental fresco polifónico, algo así como una Capilla Sixtina literaria de los comunismos, muestra un momento clave en la historia de Albania: su ruptura, en el año 1961, con la dependencia ideológica, política y económica, que la unía a la Unión Soviética. Los sucesos que ocurren en ese invierno afectan de variadas maneras tanto a personajes ficticios como a reales, y Kadaré va dibujando con su paleta de escritor una sociedad en la que todos tienen cabida: desde un periodista que acude como intérprete a la fatídica reunión en Moscú en donde se cristaliza la ruptura, pasando por líderes reales al estilo de Enver Hoxha o Jruschov, hasta barrenderos, violonchelistas, novelistas, críticos literarios, burgueses represaliados, adolescentes, mujeres casaderas, ancianos, ex guerrilleros, cuadros políticos y militares, corresponsales extranjeros… toda una humanidad que, a modo de colmena, bulle y se ve afectada por esta interpretación de la vida como problema político (parafraseando el magnífico trabajo del checo Vaclav Belohradsky).

También se ha comentado bastante la imagen –con polémica- que de los líderes comunistas proporciona Kadaré en esta novela-río de 699 páginas: en ningún caso rinde ninguna pleitesía a Hoxha, y ni mucho menos a Jruschov o a otros, que salen bastante mal parados. La imagen que proporciona del sistema y de sus líderes es más bien deprimente, muy crítica, y está trufada de referencias duras y acusaciones totalitaristas, más en concreto a cierto tipo de comunismo del momento. Es un texto arriesgado, donde un magnífico repertorio de imágenes demuestra la decadencia e inhumanidad del comunismo y ataca directamente a sus dirigentes. Así, unos abrigos de los miembros del politburó en un guardarropa, unas estatuas rodeadas de serpientes en las ruinas de un circo romano, el clima duro e invernal de la ciudad, una abúlica base de submarinos, el estallido de las estructuras de una presa o el proceso de revelado fotográfico, ofrecen desde una mirada metafórica una clave con la que interpretar el régimen desde un punto de vista desolador.

Un régimen en donde sus dirigentes se afanan en vivir lo que Kadaré denomina en otra de sus novelas como la gran estratagema, y conseguir así que los ciudadanos atiendan a otro lado, distraigan sus miradas mientras los expolian. Sin embargo, gracias a autores como él, los lectores pueden atender a los tejemanejes criminales de una política devastadora y, leyendo entre líneas, aterrorizarse con los retratos fantasmales de La Pasionaria, Hoxha, Jruschov, y toda la pléyade comunista en ebullición. Precisamente, el poder escribir la novela tras la ruptura de relaciones de Albania con la URSS le valió a Kadaré como excusa para criticar una serie de comportamientos y máximas políticas que en otro caso hubieran sido imposibles de atacar, pero al dirigirse al ahora enemigo de ese momento, fue bien recibido, aunque señalase las mismas directrices criminales que sucedían en el propio país. Toda una paradoja que se repetiría después, con la quiebra de las relaciones entre Albania y China, plasmadas en la novela El concierto.

De esta manera, El gran invierno es una parte de un monumental y riquísimo mosaico que se complementa con el resto de las novelas políticas que teje su autor: toda una visión devastadora de la pandilla de asesinos y criminales que se hacen llamar políticos.

Polifonía extensa con el acierto de la mezcla entre personajes reales y ficticios y, en especial, con esa imagen tan aterradora que ofrece de la vida política durante el comunismo, opuesta a la vida cotidiana, si es que se puede denominar vida. Sinceramente, creo que su extensión, en cierto modo, hace que se resienta el texto, demasiado minucioso en asuntos locales para un lector europeo “algo mas ajeno”. Aún así, una obra clave para entender el proceso político albanés y el proceso literario propio de Kadaré.