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domingo, 31 de diciembre de 2017

Calle Este-Oeste-Philippe Sands (1)


*Esta reseña apareció en achtungmag.com:

http://www.achtungmag.com/calle-este-oeste-philippe-sands-libro-del-ano-2017-achtung/


Calle Este-Oeste de Philippe Sands: Libro del año 2017 para Achtung!

No es una novela. Ni está escrita por un autor de renombre que haya firmado grandes obras. Realmente, no presenta una estructura original ni es un dechado de recursos narrativos. Sin embargo, gracias a todo esto, muestra algo que es muy necesario en la escritura: una verdad literaria, que no necesariamente debe ser una verdad real y tangible, aunque en este caso también lo sea. Porque se trata de una historia tremenda. Una historia terrible, elaborada desde la inocencia y la sencillez. Y por todo eso, es el libro del año para Achtung!

En mi anterior columna de El Odradek, la perteneciente al día 22 de diciembre, aproveché para dar un repaso a las lecturas del 2017, y terminé anunciando que, el libro del año, lo dejaba para este último Odradek y así cerrar haciéndole los honores que se merece. Puedes consultarla en este enlace:


El libro del que voy a hablar me llegó de sorpresa. Un poco como suelen llegar todos aquellos libros llamados a perforarnos el alma y hacerse con un huequecito en nuestro interior. Me lo envió, para celebrar mi 50 cumpleaños, una de esas grandes amistades del Instagram literario. Yo apenas había oído hablar de él, acaba de salir. Pero algo me dijo que ese texto de 600 páginas sería el encuentro con una historia de las que no se olvidan. Un libro de los que no me han servido las editoriales, de esos que no han tenido la amabilidad de enviarme para que ejerza mi crítica que, como bien sabéis, siempre es independiente y libre aquí en Achtung!

Y aun así, y dado que no suelo atender a libros que no vengan desde la editorial, porque considero que el enorme esfuerzo que significa mi tarea de leer, comparar, enlazar y analizar, al menos se merece la molestia de que alguien meta un libro en un sobre y se acerque hasta correos a cambio del inmenso favor que le estamos haciendo —qué menos—, pues pese a todo eso, es el libro del año. Sin duda.

Y también lo es en homenaje a la persona que me lo regaló, que desde el primer momento ya supo que este libro estaba escrito para mí, que era más mio que de cualquiera.

Vayamos con el autor: Philippe Sands, londinense. No es un escritor de novelas. Ni de ningún tipo de obra de ficción. De hecho, es profesor de Derecho Internacional y abogado. Es autor de ensayos jurídicos y legales y ejerce de columnista en algunos medios. Y ha participado en algunos documentales.

Con motivo de una conferencia que tuvo que dar en la ciudad de Lviv —quizás más conocida por nosotros los españoles como Lvov—, se activaron los resortes del recuerdo, de la indagación personal, de la investigación familiar y del retrato biográfico. Con eso, le fue suficiente para escribir un relato de vidas y sucesos encadenados al horror del siglo XX, aferrados al nazismo, al Holocausto y al exterminio.

Calle Este-Oeste, editado por Anagrama, es el mejor libro que se ha publicado en España durante el año 2017. Así lo consideramos en Achtung!, y en parte se debe a la forma en que se plantea, se escribe y se resuelve un empeño ya de por sí mastodóntico: retratar biográficamente a dos personalidades como las de Hersch Lauterpacht y Rafael Lemkin, cuyo aporte legal ha sido primordial para conceptualizar jurídicamente los términos crímenes contra la humanidad y genocidio.

Sin embargo, el empeño no queda ahí. Había que desafiar a la historia con su contrapunto tenebroso, y allí emerge la tremenda y terrible figura de Hans Frank, el Gobernador General de la Polonia ocupada por los nazis y encargado de convertir toda aquella zona en un monumental vertedero de razas destinadas al exterminio. El problema en Frank, además, radicaba en su condición de abogado, con lo que puso al servicio de la ley una complicada ilegalidad que debía hacerse legítima.

Frank debía justificar, lo necesitaba, con sus peregrinos fundamentos de derecho, toda la operación destinada a admitir el reasentamiento de millones de judíos en sus territorios, en donde, además, se erigían los peores campos de exterminio.

De este modo, nos topamos con un binomio narrativo de un magnetismo irresistible: dos abogados que batallan, cada uno por su lado, para tipificar los crímenes de guerra, y un criminal de guerra que lucha por declararse inocente en los Juicios de Núremberg. Todo ello, aderezado con la fascinante indagación del autor en los orígenes de su propia familia, víctimas a su vez de los nazis, de Frank y del Holocausto.

En el libro de Sands todo posee su reverso, su opuesto, su negativo. Es como si creyera en un equilibrio cósmico en donde las fuerzas del mal y del bien se acaban nivelando. Así, a las figuras luminosas de Lauterpacht y Lemkin se les opone Hans Frank. Al abuelo del autor, Leon, se le confronta el amante de Rita, su mujer, y a este amante se le contrapone el propio amor homosexual de Leon por su mejor amigo, Max.

Este equilibrio de fuerzas encontradas, alcanza la sublimación en dos figuras antagónicas: Niklas, el hijo de Hans Frank, que aborrece a su padre y lo considera un asesino, y Horst, el hijo de Otto von Wätcher, que fue gobernador nazi del distrito de Galizia. Horst, sin embargo, cree que su padre actuó con rectitud y diligencia, que su padre era un ser maravilloso. Así se contraponen las fuerzas en el libro.

Entonces, descubrimos con pasmo que todo el siglo XX, por no retroceder más atrás dado que eso sería un ejercicio tan pasmoso como enloquecedor, ha estado en permanente lucha, en continuo equilibrio milimétrico entre luz y oscuridad, bien y mal, salvación y horror, crimen y redención.

Es decir: entre nazismo y Walter Benjamin, Holocausto y Primo Levi, fosas comunes y Stefan Zweig, espanto y pensamiento, tortura y Jean Améry, muerte y testimonio, verdugos y testigos, Reinhard Heydrich y Elie Wiesel, la conferencia de Wansee y los Juicios de Núremberg, Auschwitz y todos nosotros, lectores.

El sistema elegido por Sands para poner en marcha su relato es bien simple. Nos cuenta la historia de Lauterpacht desde sus ascendientes, hasta el inicio del Juicio de Núremberg, de una forma completamente biográfica. Después, repite el esquema con Lemkin, y también lo hace con Frank. Entre cada capítulo biográfico de estos personajes inserta otros apartados en donde nos muestra sus propias indagaciones familiares, movidas con cierto sentido del género negro, realizando las pesquisas pertinentes y explicándonos los métodos de investigación seguidos.

Así, el libro alcanza un punto determinante. Prácticamente resueltos los enigmas familiares, ahora toca juntar a los tres protagonistas históricos en Núremberg y ver como Lauterpacht, Lemkin y Frank se desenvolvieron durante el juicio, el momento crucial en sus vidas. Realmente, el texto se ha encargado de cuatro biografías (si incluimos la historia familiar de Sands como una biografía) y de la historia de un juicio tratado con cierta asepsia.

¿Qué quiero decir con esto? Que realmente Calle Este-Oeste no es una novela, desde luego es a lo que menos se parece. Podría ser un relato biográfico con ciertos toques de autobiografía o autoficción, dado que el autor se incluye como personaje en la narración. Nos encontramos ante un libro que no es nada de lo anterior, y por tanto, es todo ello: esta es su principal virtud, el cruce de géneros, sin perder de vista el potente componente del biografismo histórico. Y así, es como Sands ha sido capaz de alcanzar esa cualidad tan valiosa: aproximarnos a la verdad literaria.

¿De qué verdad literaria estoy hablando? ¿A qué me refiero? Me refiero al motivo por el cual este libro es el libro del año. Toda obra literaria, si no es bastarda, interesada, o meramente falsaria, encierra en su interior una Verdad con mayúsculas, una Verdad tan grande, incuestionable y demoledora, que la convierte en una obra de arte. En esa Verdad aparece la voz del autor, la forma en que ha elegido la manera de contar su historia, y en función a la sinceridad, quizás a la honestidad que se encierra en aquella Verdad, la obra adquiere un relieve que la hace trascender en sí misma y que nos trasciende a nosotros. Entonces, se consigue el milagro.

Eso ocurre con Calle Este-Oeste, que logra trascender, primero como obra de arte literaria, después como vehículo que encierra una Verdad tan enorme y abrumadora, tan aplastante, que nos transforma una vez que la hemos leído. Y ningún libro de los publicados durante el 2017 consigue eso. Es una característica privativa y personal de Philippe Sands y de su trabajo, un hallazgo conseguido en el momento en que decide elegir formas simples de aproximarse al dolor, al sufrimiento, a la realidad, al mal del siglo XX, sin grandes efectos, únicamente contando las cosas como son, con cierto orden cronológico, destapando, mostrando, enseñando.

Cualquier otra estructura hubiera marchitado la Verdad que se contiene en Calle Este-Oeste. La historia es la historia de sus protagonistas, en donde el autor se relega a ser un mero narrador-compilador de los hechos, que expuestos de forma comprensible son suficientes para apoderarse de todo el protagonismo y hacernos entender. Y detrás de este discurso simple y sencillo se encuentra, se escucha, la voz de las víctimas, pero también (en uno de esos contrapuntos espeluznantes que caracterizan el libro) el bramido de los verdugos.

La historia de Sands es, fundamentalmente, la historia de las víctimas. De ahí la enorme importancia del libro, y el acierto a la hora de elegir una estructura que no ahoga esas voces y que, todo lo contrario, las individualiza y amplifica, y nos las hace llegar claras y nítidas. Y así, leyendo las 600 páginas redactadas por Sands, cumplimos con la idea de Elie Wiesel: quién escucha a un testigo, o lo lee, se vuelve en un testigo también. Eso es lo verdaderamente importante.

Lo mismo sirve para la presentación y reflexión acerca del mal que se caracteriza en Hans Frank o en algunos comparsas que aparecen en el texto. Todo ha sido tratado de una conveniente forma natural para que los mensajes sean recibidos con velocidad, con una presteza que puede parecer imposible si se almacena en 600 páginas de escritura abigarrada de muertes y horrores.

Este libro es un trans-género literario que aglutina memorias, autoficción, biografía, autobiografía, relato, narración, investigación, misterio, Historia, crónica de tribunales, informes jurídicos, testimonio, crónica de sucesos…, pero en absoluto novela; por ello, es Gran Literatura. Porque la Verdad salta a la vista en cada uno de los elementos que configuran el libro. La realidad, tan dolorosa e insoportable, aparece en relieve, palpita angustiosa, para instalarse en nuestro interior y cambiarnos la vida.


Es el milagro de la literatura. Es el milagro de Calle Este-Oeste.

domingo, 6 de agosto de 2017

El tambor de hojalata-Günter Grass


*La siguiente reseña apareció, originalmente, en Mi nueva edad:

https://www.minuevaedad.com/actualidad/2017/8/2/el-libro-del-mes-el-tambor-de-hojalata/

Título: El tambor de hojalata
Autor: Günter Grass
Editorial: Alfaguara
Número de páginas: 660
Año: 1959

Escribir después de la barbarie sobre la barbarie


El tambor de hojalata es ya un clásico de la literatura del siglo XX, a la altura de cualquier otra obra inmortal. Lo traigo a este escaparate porque, de las cinco veces que lo he leído, tres fueron en tiempo estival. Entiendo que la densidad de su relato, y el largo recorrido de sus páginas, lo convierten en una lectura ideal para el tiempo de calma vacacional, en donde puede ser degustado con atención.

Günter Grass compone, en esta su primera novela, un texto que se lee con voracidad y entusiasmo. Los códigos narrativos del autor, originales y personalísimos, consiguen que el lector se inmiscuya en el libro hasta el extremo de crear una complicidad tal con lo narrado que, muchas veces, parecería que está hablando en privado con el escritor.

Esta familiaridad es una de las marcas de autor de Grass, y podemos deleitarnos con ella gracias a la versión española de Miguel Sáenz, un traductor tocado por un estado de gracia a la hora de convertir las palabras del alemán a nuestro idioma. Así pues, disfrutemos de esa ventaja que no poseen las traducciones en otras lenguas. Sáenz ya había traducido antes diferentes obras de Grass, pero no El tambor de hojalata. Con motivo del 50 aniversario de la publicación de la obra, Alfaguara presentó en 2009 la nueva traducción de la novela, que revive y moderniza la traslación original de Carlos Gerhard, que ya de por sí era magnífica.

Puede que algunos, con motivo de la concesión del Premio Nobel en 1999, se hayan aproximado a alguna de las novelas posteriores de Günter Grass. La mayoría también son excelentes, y algunas resultan tan obras maestras como este Tambor de hojalata. Sin embargo, para conocer a Günter Grass hay que enfrascarse en este libro, porque es un pedazo de la historia de la vergüenza de la humanidad y, a la vez, de toda su esperanza.

Son las aventuras de Oscar Matzerath, que discurren por la Polonia y la Alemania de la Segunda Guerra Mundial, las peripecias de un pícaro que entronca directamente con el Lazarillo de Tormes. No en vano, cabe recordar aquí, que el hispánico género de la picaresca fue adoptado en la literatura alemana con mayor entusiasmo que en ninguna otra. Y será esa picaresca, cargada de inteligencia, el único medio que, en los peores momentos, puede llevar a la supervivencia.

El principal escenario de la novela es la polaca ciudad de Gdansk, lugar en donde se desencadenó el inicio de la Segunda Guerra Mundial. Danzig, para los alemanes, se convirtió en la excusa para invadir Polonia. Desde el acorazado Schleswig-Holstein, comenzó el bombardeo de la ciudad. Algunos sucesos clave de estos primeros días de la contienda, como la toma del edificio del Correo Polaco, tienen un papel determinante en la novela.

Grass devuelve la grandeza a la novela alemana con un volumen repleto de personajes inolvidables: por sus páginas se pasean miserables, estrafalarios, desaprensivos, héroes y villanos, sumergidos todos ellos en los años más terribles de la historia de Europa. Consigue que se pueda escribir sobre el desastre desde el punto de vista de los perdedores y aborda temas especialmente dolorosos en la conciencia colectiva alemana. Destruye la máxima de Theodor Adorno, que manifestó aquello de “no se puede volver a escribir poesía después de Auschwitz”.

Günter Grass escribe de nuevo tras la barbarie, precisamente para denunciar la barbarie. No se trata de poesía, pero es un trabajo narrativo cargado de lirismo. Es una declaración de supervivencia. Y es que, quizás, sólo con el humor y un acusado sentido del esperpento y la ironía, uno puede defenderse de amenazas tan terribles como el nazismo. Y sobrevivir a ello.