domingo, 3 de marzo de 2019

Lagarto Rey-Javier Medina Bernal



*Esta crítica apareció en acgtungmag.com:

http://www.achtungmag.com/javier-medina-bernal-y-lagarto-rey-el-reptil-borracho-en-el-ojo-del-escritor/

Javier Medina Bernal y Lagarto Rey: el reptil borracho en el ojo del escritor


El mundo de las redes sociales está mal visto. Y con razón: la cantidad de idiotas, violentos y maleducados que se han apoderado de ellas las han convertido en un vertedero de mamarrachos y estúpidos. Te piden amistad para, acto seguido, proponerte que asegures que te gusta la milanesa de un recóndito restaurante bonaerense al que jamás llegarás, o las tortillas de patatas de la madre de uno, o una clínica de estética y cirugía láser ubicada en Toronto. Por eso, y por los haters, por culpa de ellos mucha gente deja Instagram o Facebook. Y hacen bien. Pero están concediendo un triunfo a todos esos desgraciados, porque al abandonar se privan de los milagros que las redes pueden proporcionar. Aquí, en este Odradek de hoy, voy a hablaros de uno. Concretamente se trata de un milagro literario.

Por amistad virtual, por afinidad o por buen rollo generado en la distancia, este bendito Instagram literario del que tanto os hablo, me ha proporcionado una de esas sorpresas que solo son posibles en las redes. Un escritor panameño, sin ningún intento de someterme a la lectura obligatoria de su obra, simplemente con las ganas de hacerme un regalo, me envió desde Viena, lugar en donde se afinca, un ejemplar de su primera novela, Lagarto Rey, publicada en 2018 por  una editorial mexicana, Nieve de Chamoy, y el paquete llegó hasta Torrelodones.
Analicemos el asunto: escritor panameño-Viena-editorial mexicana-Torrelodones. Solo la red, soloInstagram, puede favorecer semejante tipo de intercambio. Es pura magia, y sería una lástima abandonar o renunciar a que te sucedan este tipo de cosas por culpa de un puñado de bobos que te obliguen a dejar las redes. Hay que aguantar una cosa, para poder disfrutar de la otra. Ya he dicho estas palabras que, realmente, van dirigidas a una buena amiga propietaria de una cuenta importante en Instagram que se ha visto obligada a cerrar por culpa de los acosadores. Ella ya sabe.
Me llegó la novela, atractivamente editada, de Javier Medina Bernal. Pues sí, mi olfato literario suele funcionar bien. De inmediato, empecé con la lectura: bingo. Estamos ante una obra que necesita, desesperadamente, de muchos más lectores. No pude evitar hacer un pequeño video de 59 segundos en mi cuenta de @literatura_instantanea, afirmando lo mucho que me había gustado, pero quienes me conocen bien saben que dedicaría este Odradek de los viernes de Achtung! a explicar algo más pormenorizadamente los motivos de mi entusiasmo.
El autor: el escritor y músico panameño Javier Medina Bernal.
En Lagarto Rey aparecen algunos de esos procedimientos narrativos innovadores que se asientan en una agresividad verbal inusitada y que han proliferado en la literatura hispanoamericana de los últimos años, en concreto aquella que puede definirse como literatura de frontera o más concretamente transfronteriza (¿hay algo más transfronterizo que un escritor panameño en Viena y que publica con una editorial mexicana?).
En el interior de la narración se substancia esta carga transfronteriza y transcultural con una mezcla de personajes y discursos panameños, argentinos, mexicanos e, incluso checos, todos sumidos en el torrente de la poderosa arenga de la voz protagonista. Porque digámoslo sin perder ya mas tiempo, la voz protagonista, esa primera persona que subyuga y arrebata por su violencia y delicadeza, es el gran acierto maestro narrativo de Javier Medina Bernal. Esa voz es su novela Lagarto Rey.
Esa voz que no puede callarse, la voz de un borracho que en la primera línea de la novela ya se confiesa con el gozo de la embriaguez que tal vez solo experimentó así aquel Santo Bebedor de Joseph Roth:
¡Ja! Soy alcohólico. Sí. La reputa de alcohólico. ¿Y qué?”.
Desde aquí, esa voz está capacitada para desgranar el tipo de discurso que desee. A veces lo impregna con un toque de lirismo al estilo de aquel otro literato-Tourette enfermo de palabras y que con sus versos construía discursos, Nicanor Parra; en otras ocasiones es una voz dura y certera que con nitidez se fija en lo turbio del mundo que nos rodea. Esta voz es un recurso fundamental de lo que podríamos denominar el realismo sucio, un género muy en boga en estos tiempos, no solo en la literatura hispanoamericana.
La mayoría de los críticos suelen situar el nacimiento del realismo sucio como género literario a caballo de los años 1970 y 1980, pero en opinión de uno de sus máximos exponentes, Charles Bukowski, y también en la mía propia, el abanico temporal es mucho más amplio y será John Fante el iniciador de esta corriente (así designado por el propio Bukowski en el prólogo que escribe a la novela de FantePregúntale al polvo), aunque para la crítica uno de los claros antecesores sea J. D. Salinger, con un realismo sucio tal vez encontrado en sus cuentos, pero que en absoluto creo que aparezca en sus novelas.
Bukowski y Fante, las dos referencias fundacionales del realismo sucio:


Las características del realismo sucio son minimalismo, parquedad en la expresión, concisión, incluso pobreza de elementos. Es lo contextual y no lo formal lo que aplasta al lector, lo que impacta sobre nosotros a la hora de llevar a cabo la lectura. Como ejemplo definitorio de la corriente se podrían citar los textos Pregúntale al polvo (1939) y Camino de los Ángeles (1933) —aunque escrita en 1933, sólo se publicó póstumamente en 1985, y su éxito inició una recuperación de la obra del autor— ambas de John Fante, y Cartero (1971) de Bukowski.



Considerado como gran maestro del realismo sucio, también aparece el cuentista Raymond Carver, aunque se debe tomar con prudencia su trabajo y su producción a la vista de las reveladoras confesiones de su editor Gordon Lish (parece que su tarea alcanzaba mucho más allá que la de ser mero editor, actuando casi de co-autor y retocando muchísimo, hasta la reescritura, algunos de los textos de Carver) y quizás cierta fase de Hemingway.
Otros autores que, siempre según la crítica, caben en esta definición de realismo sucio, son el norteamericano Chuck Palahniuk, fundamentalmente con su éxito Club de lucha (1996), y ya en el ámbito de lo hispánico el poeta Roger Wolfe —aunque nacido en Inglaterra, se ha criado en Alicante, y su poesía y producción literaria ha sido en español—, el también poeta, el vasco Karmelo C. Iribarren, el novelista cubano Pedro Juan Gutiérrez con su Trilogía sucia de La Habana (1999), una tendencia de gran arraigo en Cuba, asentada en la pulsión sexual, como una vía sexual de escape a la dictadura, mientras que en Costa Rica, el realismo sucio es manejado por el novelista y cuentista Faustino Desinach, pero como una manera de denunciar y poner de relieve una realidad enferma y empobrecida: la denuncia de los más desfavorecidos y marginales. Con ello se nos presenta un doble aspecto de la corriente según el país en el cual se inscriba: sexo liberador de la realidad o denuncia escatológica de esa misma realidad, pero una realidad, en ambos casos, insoportable.
El escritor y fotógrafo costarricense Faustino Desinach, uno de los máximos exponentes del realismo sucio en su país:


Todas estas referencias literarias aparezcan en la novela, desde el Chinaski bukowskiano hasta Jaime Sabines, que pueden encontrarse junto a Cabrera Infante o Rulfo, pero no solo las literarias, también las musicales, porque desde el mismo Lagarto Rey que hace referencia al venerado Jim Morrison de The Doors, pasando por Silvio Rodríguez o Jeff Buckley y hasta Pablo Milanés, y porque el protagonista es un cantautor perdedor, de abultada panza cervecera, acusado de plagio hasta por el artista español Depedro, y que al final no consigue colocar sus canciones para que las cante Paulina Rubio, una delirante posibilidad que ofrece la novela, ni para que las cante nadie.
Jeff Buckley y Jim Morrison, dos referencias culturales y musicales para el protagonista de Lagarto Rey:


Así que lo cierto es que la realidad también es insoportable para el narrador-protagonista de la novela de Javier Median Bernal. De ahí su inmersión en la bebida y esa apreciación deforme de lo que le rodea. Por todo ello, en Lagarto Rey se exploran también fenómenos de marginación urbana, ligados a la locura, al desequilibrio producto del alcohol, y la represión social, psíquica y sexual.
 Esta es una tendencia habitual de la variación hispanoamericana del género, que incorporará en su discurso áreas de la vida social censuradas en el discurso literario tradicional (el ámbito del sexo, de lo indecente, el mundo de la prostitución o el alcoholismo, lo que no se dice ni se escribe públicamente) junto a la apropiación de los nuevos discursos urbanos de los marginados.
De esta manera, se consigue una ruptura del equilibrio del discurso, que así se vincula con posiciones postmodernas, y plantea desde una posición distanciada y transgresora la reivindicación de las culturas marginales y de la contracultura, así como la revisión crítica de los mitos y construcciones ideológicas. Todo ello con expresiones repletas de coloquialismos que proporcionan gran inmediatez y complicidad con el lector. Veamos este párrafo de Lagarto Rey:
Ya vuelvo.
Ya volví.
Buscaba otra cerveza”.
Gran parte de la producción narrativa de este realismo sucio se construirá como una reacción crítica a los procesos de desintegración social, descomposición moral y corrupción generalizada que se darán en los países de Hispanoamérica a partir de 1980. Diversos aspectos, como las estrategias revolucionarias o las contrarrevolucionarias, la venta o la entrega del país a la corrupción y a la hipocresía  política, el lavado de dinero y el narcotráfico, la marginación cultural y social, la destrucción ecológica, serán tratados en los textos: la deformación carnavalesca, lo paródico, las metamorfosis y desdoblamientos, el humor grotesco y el esperpento, todo ello empleado para ofrecer la imagen de un mundo dislocado, mundo en deterioro y descomposición, en donde las fantasías o las apariencias se contraponen  a un  mundo deforme, clandestino o marginal, regido por la exclusión, la represión y la violencia, el trastrueque de identidades y la enajenación… Elementos, todos ellos, muy de actualidad en la narrativa de Javier Medina Bernal y en su peculiar visión de Panamá la Vieja.
La editorial mexicana Nieve de Chamoy ha acertado plenamente con la publicación de Javier Medina Bernal.
En efecto, todo el libro de Lagarto Rey está atravesado por ese lenguaje popular, sencillo, que narra las historias de la gente común, también de quienes se mueven en las zonas limítrofes de la sociedad. Tan limítrofes que dan lugar a escenas delirantes, como el entierro del profesor Luigi. La obra cuenta, así, con la originalidad del mundo que refleja y en el cual se ubica la acción: un país de América Latina en donde las raíces indígenas permanecen bien presentes. Lo que de inmediato nos fusiona con cierto realismo mágico.
Esta afirmación puede sorprender en un principio, dada la mayoritaria tendencia de los cuentistas hispanoamericanos de finales de siglo XX y de principios de XXI a desmarcarse del realismo mágico, al que reconocen y tributan su agradecimiento, sin renegar de él, pero con el que no quieren identificarse.
En Javier Medina Bernal no parece existir ese problema: crea así, en su texto, una curiosa oposición de realismo sucio frente a realismo mágico cuyo resultado es el de una ciudad como Panamá que muy bien podríamos definir como ciudad sucia, al igual que las apariciones de México D. F., sumándose así a otras ciudades sucias del tipo de La Habana, San José o Río de Janeiro, por ejemplo, y en el ámbito externo de lo latinoamericano, San FranciscoNueva YorkÁmsterdam
El discurso del protagonista de Javier Medina Bernal es un discurso que a menudo califica como juanrulfiano, y no es en vano, dado que gran parte de la novela la pasa charlando con fantasmas: su abuela, su prima lola, su editora de prensa, el profesor Luigi… Y ya sabemos que gracias a Rulfo, y a esos fantasmas de Pedro Páramo, podemos beber en las raíces del realismo mágico.
Quizás, este híbrido literario que aúna realismo sucio y realismo mágico pueda dar como producto, también, la tendencia apuntada por algunos críticos, la llamada Gótico Tropical. En principio, parecer ser una corriente literaria originaria de Costa Rica. Para el crítico y escritor Juan Murillo, se trata de :
una parafernalia gótica —una puesta en escena gótica (con referentes a la locura, los cementerios, los fantasmas, el espiritismo, la brujería…), etc., cohabita con un naturalismo descriptivo de escasez de recursos, apenas descriptivo y que utiliza problemas escabrosos y de miserias sociales en la ciudad de San José como ambientación para el desarrollo de las historias”.
Un vistazo rápido y desnudo demuestra que este realismo sucio minimalista lo que hace es denunciar y tomar posición frente a lacras y dramas, frente a parte de esa tradicional cultura de la violencia que se ha expandido por Latinoamérica como un maremoto originado en la novela de la violenciacolombiana (con profusión de sicarios y asesinatos), pero producto no sólo de una moda sino de una realidad: los países más desarrollados de la Latinoamérica actual hace mucho tiempo que dejaron de ser las Suizas de Centroamérica para convertirse en países corruptos y peligrosos. La voz narradora de Lagarto Rey bien lo sabe:
en esta Latinoamérica de buitres y hienas es importante saber inglés —el idioma del enemigo— para poder humillar a los que no saben”.
En efecto, este es un lenguaje directo, rápido como un disparo o un puñetazo, que te derrota por por k.o, que aturde al lector, un lector sobrepasado, muchas veces, por la verdadera dimensión de las situaciones disparatadas narradas en torrentera y que, gracias a eso, a esa ausencia de lo que sería el regodearse o el entretenerse en lo profundamente truculento, el texto no cae en el tremendismo sencillo y resulta enormemente eficaz. Porque el panzón protagonista lo tiene clarísimo:
Bebo para escapar (ni siquiera para olvidar), no para hacer amigos ni ser leyenda”.
Es Lagarto Real una disección de la realidad de Hispanoamérica mediante la simpleza de una exposición verbal de acusada oralidad, con el gozo del abrazo del amigo de taberna y la espuma de las cervezas: tan fácil y tan directa como los resortes de la locura, la borrachera y la muerte. Y es, en esta sencillez, en donde el vozarrón etílico de su protagonista consigue un eco amplificado tan divertido como profundamente literario.

Serotonina-Michel Houellebecq



*Esta crítica apareció en achtungmag:
http://www.achtungmag.com/serotonina-el-escritor-michel-houellebecq-y-el-chasquido-de-thanos/

Serotonina: el escritor Michel Houellebecq y el chasquido de Thanos


La nueva entrega narrativa del escritor francés Michel Houellebecq viene, como nos acostumbra, de la mano de la polémica de aquellos que siempre prefieren sentirse molestos u ofendidos por cualquier cosa, y agarrada de la admiración de quienes lo apreciamos como uno de los grandes escritores de este siglo XXI. Lamentablemente, parece que todo lo que rodea la producción novelística del autor ha de moverse entre esos dos parámetros: polémica, que generalmente conlleva cierta incomprensión cerril de su obra, o un deslumbramiento literario como muy pocos han conseguido proporcionarnos en los últimos tiempos. Con Serotonina(Anagrama) ya no queda duda, por si aún podíamos albergar alguna: Houellebecq es un escritor de leyenda, aupado por méritos propios, por las virtudes de su imaginario original y personal (lo que sin duda tiene mucha más enjundia) a lo más alto de la historia de la literatura. Le pese a quien le pese.

En efecto, porque con cada nuevo libro del francés ocurre como con cada disco del León de BelfastVan Morrison, es tanta su calidad, inteligencia y clase, que se le exige como no se exigiría a nadie nunca, y mucho menos a un artista, o a este escritor consagrado. De Houellebecq, como de Van The Man, siempre se aguarda una obra maestra capaz de cambiar, o al menos alterar, la configuración del mundo. Y es su penitencia conseguirlo casi una y otra vez, y que esas voces exigentes y discordantes no sepan darse cuenta o apreciarlo.
Que la portada elegida por Anagrama para Serotoninasea un globo pinchado que, tal vez, esté a punto de estallar, no es una mera cuestión estética. Refleja todo lo que la novela pretende comunicarnos.
Nosotros, en Achtung! lo apreciamos, vaya que si lo apreciamos. Y por eso hemos comprendido rápidamente que Serotonina es la culminación de toda una obra; es la rubrica de un proyecto narrativo llevado a cabo por el francés y que comenzó en 1994 con Ampliación del campo de batalla (todas las novelas mencionadas de Houellebecq fueron editadas por Anagrama) hasta alcanzar, como entrega última, esta Serotonina de 2019: tal vez su mejor novela, por lo que contiene de cierre con relación a la tesis desplegada a lo largo de su obra. ¿Qué Houellebecq vendrá después? Una perspectiva interesante.


Mantengo la teoría de que, de forma involuntaria al principio, Michel Houellebecq se ha ido moviendo, deslizando, por el género de la novela distópica. Eso lo ha conseguido con un potente retrato del declive del ser humano a medida que avanzaba, se internaba, en los territorios del siglo XXI. En aquella novela, ya se nos presentaban los utópicos caminos de la nueva centuria que se avecinaba como algo muy próximo al viraje distópico. Y en Serotonina se nos muestra de forma muy ilustrativa lo que significa esta época. Está de más. Estamos ante una lucha que nos excede:
El tercer milenio acababa de empezar, y era quizá, para el Occidente anteriormente calificado de judeocristiano, el milenio de más, en el mismo sentido en que se habla del combate de más para un boxeador”.
Si analizamos un poco las novelas anteriores de Houellebecq vamos asistiendo al desplome de las relaciones humanas, al paulatino sometimiento de los impulsos naturales —denomínense animales, también— que van perdiendo fuelle, hasta convertir al espécimen en un despojo de charcutería.
Evidentemente, el desmoronamiento viene aparejado con el viraje de lo utópico hasta lo distópico. Tras Las partículas elementales (1998), con la entrada en el XXI, el autor firmó Plataforma (2001), para muchos su obra maestra y libro fundacional de lo que debería ser el Houellebecq de la primera decena de años de este siglo.


Después, La posibilidad de una isla (2005), ahora ya implantado en la distopía de una forma voluntaria, obedeciendo a ese giro iniciado en sus dos novelas anteriores, marcará definitivamente la idea distópica del autor e iniciará el recorrido hacia la consagración de su teoría literaria.

Una teoría que se apuntalará en El mapa y el territorio (2010) y que se consolidará en Sumisión (2015), su segunda novela voluntariamente distópica. El protagonista de las obras de Houellebecq ha experimentado un tránsito que culmina en Serotonina, mutación a lo largo de 24 años y a la que ya me he referido en una crítica de la novela que he realizado para el blog de la Asesoría Literaria y Librería Proscritos: el personaje de Houellebecq, tal y como afirmo allí, ha pasado de ser la posibilidad de una isla a convertirse en un islote abandonado.

Aquí os dejo el enlace a esta otra aproximación que he realizado a la última novela de Houellebecq en ese blog de Proscritos:
Pero vayamos, aún, más allá. El protagonista de SerotoninaFlorent-Claude, es un personaje arquetípico: nos representa a todos nosotros, los humanoides de la Segunda Centuria. Houellebecq ya había instalado el desánimo, la desgana, la desmotivación, la apatía, la profunda amargura producto de la quiebra de las relaciones humanas y de comunicación —no solo sexuales— en su distopía Sumisión.
Sumisión era un título muy bien traído, desde luego, porque desde aquellos principios de los años 90 en donde ya sonaban algunos clarines apocalípticos en las novelas de ciertos autores con olfato, los humanos del Primer Mundo no hemos hecho sino doblar una rodilla, luego la otra, al final el espinazo entero, y completar la genuflexión hasta colocarnos de rodillas ante la soledad y la desesperación houellebecquiana.
¿Y cómo es esta desesperación houellebecquiana? Pues se ampara en el modelo del escritor Huysmans, un prototipo decadente y aplicable a una incomunicación de primer nivel intelectual, es decir, a nuestra incomunicación, la incomunicación del Primer Mundo, porque el resto de los Mundos no tienen cabida en esta vista distópica del francés; o sí que tienen cabida, pero como una forma de exacerbarlo.
Joris-Karl Huysmans,el escritor prototipo de cierto comportamiento determinante en la novela Sumisión.
Me explico: el Tercer Mundo, y el Segundo si es que existe, y ese Cuarto Mundo que se intuye, más bien se olfatea, están pendientes de otros problemas: terrorismo, ultranacionalismo, odios, sometimientos, explotación infantil y sexual…, un gotero de miserias que se filtran en el Primer Mundo que narra Houellebecq y que, así, contribuyen a completar su distopía, pero no forman parte directa de la misma. El drama de los personajes de Houellebecq es el drama de los personajes del Primer Mundo. Es el drama del hombre convertido en su propia distopía.
En Sumisión queda muy claro que el espíritu domado del hombre será capaz de hacerlo capaz de aceptar cualquier tipo de solución que le haga más agradable la existencia, aunque ese contrato se firme en base a cancelaciones: primero se ha cancelado la idea de la familia, después la de la existencia de Dios, a continuación la del trabajo como recompensa o forma no alienante del individuo, como algo que pudiera recompensarle; finalmente, se ha cancelado la posibilidad de mantener una relación sexual y, por fin, una relación humana.
El autor de SerotoninaMichel Houellebecq, siempre genial y polémico.
En todo ello la administración, el propio Estado por supuesto, ha tenido su parte de culpa a la hora contribuir al colapso del sistema. En Serotonina, el narrador nos advierte a poco de empezar:
el objetivo de la administración es reducir al máximo tus posibilidades de vida, cuando no consigue pura y simplemente destruirla, desde el punto de vista administrativo un buen administrativo es un administrado muerto”.
En Sumisión, el ser humano ha inclinado ya todo el cuerpo, se ha entregado a la capitulación que cristaliza en Serotonina. Aquellos personajes maleables y moldeados en la aburrida idea de la existencia perdida de Huysmans, que ceden sus ideas e ideales, incluso los religiosos —porque los políticos les dan igual— para llevar una vida más cómoda y muelle, en donde tengan resuelto el problema de la relación con otras personas, y por supuesto el del sexo con las mujeres que les asegura hasta en cantidad de tres el nuevo programa político de Mohammed Ben Abbes, líder de la Fraternidad Musulmana, son el adelanto del Florent-Claude de Serotonina que define así el segundo tramo de su vida:
la segunda parte de mi existencia solo sería, a semejanza de la primera, un fláccido y doloroso derrumbamiento”.
Retrato de Florent-Claude en la primera línea de la novela:  Se definen las características de un comprimido “pequeño, blanco, ovalado, divisible”, y después las rutinas matutinas del personaje relacionadas con el café y los cigarrillos. Todo ello parece que se desarrolla en un páramo de soledad y dolor que tan solo puede paliar ese comprimido que forma parte de la anatomía, de la substancia vitaldel protagonista. Es el Captorix.
El hombre houellebecquiano del futuro inmediato, apenas unos años más allá, es un hombre de Captorix, un hombre captorixzado. El medicamento eleva los niveles de serotonina en sangre, es decir, es un antidepresivo con algunos efectos secundarios: nauseas, falta de libido e impotencia. Unas molestias derivadas de su consumo que no parecen molestar mucho a Florent-Claude, o a cualquier otro en su situación: sumiso, islote aislado, descreído, cínico, agotado, acabado, y con la profunda convicción de su imposibilidad para relacionarse con los demás:
¿Era capaz de ser feliz en soledad? No lo creía. ¿Era capaz de ser feliz en general? Creo que es la clase de preguntas que más vale no hacerse”.
A raíz del tratamiento antidepresivo, el nivel de cortisol en sangre del protagonista se ha disparado (¿o tal vez debería asegurar que se nos ha disparado a todos el nivel de nuestro cortisol en nuestra sangre?). El cortisol liberado en respuesta al estrés, en grandes cantidades, puede asociarse al síndrome de Cushing, que como corolario a su pavoroso diagnóstico presenta psicosis, ansiedad, depresión, baja autoestima, irritabilidad, baja libido, disfunción eréctil… Los tiempos de los personajes de Houellebecqen Serotonina son tiempos de Cushing, tiempos de aquello que denomina su médico como:
la impresión de que usted sencillamente se está muriendo de pena”.
En efecto, y aquí entra en acción el malvado supervillano (o tal vez no tan supervillano, únicamente un amante del equilibrio) Thanos, que se merienda a casi todos los superhéroes de la entrega cinematográfica Infinity War, y que he colocado junto al apellido de Houellebecq en el título de esta crítica. Quienes no hayan visto la película no sabrán de qué puñetas les hablo, pero Thanos, investido de un poder especial, chasca sus dedos y elimina a uno de cada dos habitantes del universo, dejándolo reducido a la mitad.
Cartel de la película Infinity War.
Así que este malvado elimina el mundo binario reduciéndolo a un mundo individual. Es decir, Houellebecq nos ha presentado el mismo recorrido desde lo utópico a lo distópico en el ser humano. Ha pasado de compartir un mundo con una geografía doble, en donde la vida en pareja sería la máxima expresión, pero la relación con los demás, con la cultura, con la religión o con Dios también puede ser entendida como este intercambio necesario, relacional y binario, a encontrarse desgajado en su insoportable individualidad.
¿Existe una solución, quizás en el interior del propio sistema? En absoluto, el protagonista de Serotonina lo tiene muy claro:
qué podía proponerme la socialdemocracia, es evidente que nada, solo una perpetuación de la carencia, una invitación al olvido”.
Para Houellebecq el proceso distópico desarrollado en el interior del ser humano lo ha llevado a transitar hasta su profunda soledad, a la incapacidad de relacionarse, al mundo individual; hemos ejecutado nuestro propio chasquido de Thanos.
El malvado Thanos a punto de chascar los dedos…
Ahora pensemos en la humanidad, en el ser humano como utopía, como todo aquello hermoso de lo que es, o de lo que somos capaces de realizar. Desde Leonardo Da Vinci (aunque admito que ese sería un ejemplo algo tópico), quizás desde el hombre renacentista, tal vez un Giordano Bruno, un Miguel Servet, el neoplatonismo de Ficino, o cualquier expresión de amor y solidaridad para con los demás sin necesidad de retroceder tan lejos y acabar en la hoguera.
Hemos podido comprobar de lo que hemos sido capaces, de las maravillas y de los prodigios, hasta que dos Guerras Mundiales, diferentes exterminios programados y un Holocausto, entre otras barbaridades, fueron fundiendo nuestra relación con los demás. El ser humano nunca ha podido a ser el mismo, herido de muerte en la travesía del siglo XX, se ha ido encapsulando y refugiándose en sucedáneos. Así, hemos llegado hasta provocar nuestro propio chasquido de dedos y acabado con ese flujo de relación, de ida y vuelta, con los demás. Por eso:
ya nadie será feliz en Occidente, pensaba además, hoy debemos considerar la felicidad como un ensueño antiguo, pura y simplemente no se dan las condiciones históricas”.
De esa forma, el suicidio es una respuesta muy simple a los altos niveles de cortisol, a la muerte por tristeza. El suicidio está presente en la narrativa del francés, desde Las partículas elementales, y en Serotonina aparece de nuevo como una solución a un problema: la tristeza insoportable de ese tipo, que la cruel mercadotecnia ha denominado como single. El single, un objetivo para las marcas y las ventas, para los viajes y el ocio. El single, lo que nos resta tras el chasquido de Thanos. No hay nada que nos impida hacer con él, también, negocio. Faltaría más. Y Houellebecq lo sabe al afirmar que:
el entorno social era un máquina de destrucción del amor”.
Y esto es así porque nos encontramos ante:
un período globalmente inhumano y de mierda”.
Houellebecq ha entendido al ser humano como una utopía (no en vano la Utopía original de Tomás Moro se ubica en una isla, lo que ya nos enlaza con La posibilidad de una isla). En efecto, nosotros éramos la utopía, lo bello que albergamos en nuestro interior y que, poco a poco, hemos ido corroyendo hasta volvernos en un distopía natural, andante, que sufre y padece, incapaz de relacionarnos.
Tomás Moro y la edición de Utopía llevada a cabo por la editorial Ariel:

Esta es la principal tesis que Houellebecq ha culminado en Serotonina.  El chasquido de Thanos lleva a la conclusión de que:
es horrible y extraño pensar en todos esos hombres, en todas esas mujeres que no tienen nada que contar, que no contemplan otro destino futuro que el de disolverse en un vago contínuum biológico y técnico (…) en todos los que, en suma, han vivido una vida sin incidentes externos, y que la abandonan sin pensar, como se abandona un lugar de vacaciones simplemente correcto, sin tener pensado un destino posterior, solo con esa vaga intuición de que habría sido preferible no nacer”.
Ese “continuum biológico y técnico” es nuestro chasquido de los dedos. ¿Por qué seguimos haciéndolo? Nos lo explica así el protagonista Florent-Claude:
está claro que no se puede hacer nada con la vida de la gente, me decía, ni la amistad ni la compasión ni la psicología ni la comprensión de las situaciones tienen la menor utilidad, la gente se fabrica ella misma el mecanismo de su desdicha, le da cuerda y luego el mecanismo sigue girando, ineluctable, con algunos fallos, algunas debilidades cuando la enfermedad interviene, pero sigue girando hasta el final, hasta el último segundo”.
Tal es la importancia de este mundo de Thanos que nos presenta Houellebecq en Serotonina. Tal es la importancia, mayúscula, de este escritor y de su última novela.

lunes, 4 de febrero de 2019

Cuentos-Horacio Quiroga



*Esta reseña apareció en Mi Nueva Edad:
https://www.minuevaedad.com/actualidad/2019/2/4/el-libro-del-mes-cuentos-de-horacio-quiroga/

Título: Cuentos
Autor: Horacio Quiroga
Editorial: Cátedra
Número de páginas: 368
Año: 2005

Del amor, la locura, la muerte y la jungla

Gran parte de la vida del escritor uruguayo Horacio Quiroga transcurrió en la zona de Misiones. Es un dato significativo a la hora de entender el imaginario selvático que aparece en una gran parte de sus cuentos, ubicados en la jungla. Vaya por delante que, Horacio Quiroga, es uno de los más grandes cuentistas hispanoamericanos, maestro y referencia con sus relatos de autores posteriormente consagrados como Cortazar o Borges.
Por eso, los relatos de Quiroga editados en el volumen de Cátedra que hoy recomendamos como libro del mes de febrero en Mi Nueva Edad, tal vez sean una recopilación de lo más significativo del talento como escritor en el complicado género del breve recorrido que poseía Horacio Quiroga. Fundamentalmente, la colección se nutre de uno de sus libros maestros: Cuentos de amor de locura y de muerte, publicados en 1918, y añade relatos extraídos de algunos otros volúmenes: El salvaje (1920), Anaconda(1921), El desierto (1924) y Los desterrados (1926).
En todos los textos reunidos se cumple un imaginario idéntico. La vida del hombre inmerso en las dificultades de la naturaleza, una naturaleza que es la jungla, una selva peligrosamente mortal, cruel, que parece defenderse de la agresión que significa la presencia humana en sus entrañas.
De esa forma, las narraciones que Quiroga pone en pie se deslizan entre el género de terror y lo que podría denominarse relato gótico. Un buen ejemplo de eso son las espeluznantes piezas tituladas La gallina degolladaEl almohadón de pluma, en donde los elementos y recursos de un pavor incontrolado y de origen desconocido, con raigambre en el mal absoluto, entroncan al uruguayo con el alemán E.T. A. Hoffmann, por ejemplo.
Otros de los relatos de Quiroga presentan el horror como una consecuencia de la lucha del hombre en la selva y de sus infructuosos intentos por mantenerse con vida en un terreno tan hostil. El hombre muertoLas moscas y El hijo son breves entregas desbordantes de maestría, capaces de poner los pelos de punto al lector más avezado.
Sin embargo, no debemos quedarnos en la idea de que Quiroga sea un autor de relatos pavorosos. Ni mucho menos. El terror viene de la mano de sus historias, como una consecuencia del relato, pero nos está contando otras cosas que, casi inevitablemente, acaban desembocando en tragedias y horrores.
Los cuentos de Quiroga tratan de mostrar la supervivencia del hombre en situaciones extremas, como en el magistral A la deriva o en La insolación, pero también el castigo, de corte ecologista, que reciben esos mismos personajes por parte de la jungla al haberse inmiscuido en su territorio. La muerte aparece de una forma natural, como la lógica consecuencia del combate entre el hombre débil, pero soberbio, y la poderosa naturaleza.
Quiroga pone en pie un mundo asfixiante y venenoso, erizado de peligros y espantos, en donde la muerte, la locura, o el mal, son los protagonistas absolutos. Por todo ello, es un autor que estremece; la lectura de sus relatos no deja indiferente: produce asco, rechazo y fascinación a partes iguales.
Estamos, sin duda, ante la obra literaria de uno de los mayores genios que se hayan enfrentado al complejo género del cuento. Y en ese combate, Quiroga ha salido ampliamente victorioso. Basta con leer La gallina degollada o El almohadón de pluma para darnos cuenta de que nos encontramos ante un autor excepcional.