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sábado, 2 de noviembre de 2019

Diarios de Kolimá-Jacek Hugo Bader



*Esta crítica apareció en achtungmag.com:
https://www.achtungmag.com/jacek-hugo-bader-y-diarios-de-kolima-las-profundidades-del-caracter-ruso/

Jacek Hugo-Bader y Diarios de Kolimá: las profundidades del carácter ruso

Hasta no hace mucho, la mejor información literaria que uno podía encontrar sobre esa zona tristemente conocida como GULAG se encontraba, aparte de en el Archipiélago Gulag de Aleksandr Solzhenitsyn, o en alguna otra de sus obras como Un día en la vida de Iván Denísovich (ambas en Tusquets), en los Relatos de Kolimá escritos por el ruso Varlam Shalámov y publicados por la editorial Minúscula. Pero ahora, entre litros de vodka y diésel —tal y como ha comentado algún crítico literario—, el periodista polaco Jacek Hugo-Bader ha escrito unos excelentes Diarios de Kolimá que en España han sido publicados por La Caja Books. De forma amenísima y extensa, el libro nos habla de la ruta que el periodista realizó en auto-stop, atravesando el desolador paisaje siberiano, por el camino de la llamada Carretera de los huesos, la autopista M56. Un total de 2025 kilómetros de buena literatura y del mejor periodismo, salpicados con entrevistas a los personajes más pintorescos, desde supervivientes del comunismo y camioneros, pasando por buscadores de oro y mafiosos. Una lectura que hipnotiza, hiela la sangre, que se devora tal y como su protagonista engulle los kilómetros helados de uno de los lugares más tristes, desolados y castigados del planeta. Hoy, en este Odradek de los viernes de Achtung!, traemos osos polares, botellas de vodka y carreteras siberianas.

La Carretera de los huesos: su nombre obedece a que bajo el pavimento están enterrados los cadáveres del GULAG estalinista, y la carretera atraviesa toda la zona, desde Magadán a Yakutsk. Los algo más de 2000 kilómetros que afronta Jacek Hugo-Bader le van a permitir realizar un ejercicio de reporterismo al más fino estilo de uno de los grandes maestros del género, el también polaco Ryszard Kapuściński. De hecho, hay algunas partes de este fascinante recorrido que me han recordado (fundamentalmente por la atracción que me ha producido la lectura) a una de las obras maestras de Kapuściński: El Imperio (Anagrama). Y eso es mucho decir.
¿Pero qué es eso del GULAG? La palabra es una abreviatura conformada por las iniciales en ruso de las palabras Dirección General de Campos de Trabajo Correccional y Colonias, organismo controlado por el NKVD, posteriormente más conocido como KGB, que se encargaba de la administración y del control de los campos en donde se internaban a los presos condenados a trabajos forzados en la época de la Unión soviética.
El Imperio, obra clave del polaco Ryszard Kapuściński:


El GULAG arrancó bajo el dominio zarista de Rusia, como forma de internamiento de delincuentes y de opositores al estado, y experimentó su momento álgido durante la época del poderío estalinista, en donde los enemigos de clase, los que se oponían al bolchevismo, junto a los traidores y malhechores, eran deportados a las remotas zonas de Siberia como castigo.

Los seis volúmenes de Relatos de Kolimá de Varlam Shalamov y publicados por Minúscula.
Los primeros GULAGS fueron los ubicados en el archipiélago de Solovkí, en el Mar Blanco, y cuyas tres islas principales —Solovkí, Anzer y Bolshaya Muksalma— fueron las inspiradoras para el posterior sistema de encarcelamiento. Solovkí, bajo la dirección de Félix Dzerzhinski como director de la Cheka (futura NKVD), no fue la única zona punitiva que existía en la URSS, pero sí que resultó la primera en donde se pusieron en práctica todas las medidas y pautas organizativas que inspiraron a los posteriores GULAGS.

Félix Dzerzhinski.

De esta forma, los presos en Solovkí pasaron, entre 1923 y 1925, de ser unos cientos a 6.000. Un ejemplo de la vida, y de la forma en la que se podía acabar internado en esa zona, la encontramos en un libro que ya comentamos en Achtung!, El meteorólogo, del francés Olivier Rolin (Libros del Asteroide), en donde se nos narra la caída en desgracia y el internamiento, hasta su posterior ejecución, de uno de los meteorólogos principales de la Unión Soviética. Alekséi Feodósievich Vangengheim.


A continuación os dejo el enlace a la crítica:
Desde 1929, Stalin dio rienda suelta al sistema compuesto de miles de campos en toda la Unión Soviética, ese que ahora conocemos como GULAG, y que durante su mandato albergó, entre 1934 y 1953, a millones de presos, de los cuales murieron algo más de la mitad según los datos documentados, porque la verdadera realidad se desconoce. Este sistema conoció su fin político, por decreto, el 25 de enero de 1960, aunque en la práctica continuó funcionando de una forma u otra.
Aleksandr Solzhenitsyn y una de sus obras maestras, Un día en la vida de Iván Denísovich:



Entre las cifras que maneja Hugo-Bader en su libro, nos habla de que el total de prisioneros que pasaron por el GULAG fue de 28,7 millones, falleciendo 2.749.163, es decir, cerca del diez por ciento de los internos. Solo en Kolimá se establecieron 160 campos y en su primer invierno funcional, el de 1932-33, registró la muerte de uno de cada cinco presos. Esta crueldad obedecía a una máxima concreta:
“El NKVD intentaba aunar dos objetivos mutuamente excluyentes: extraer la máxima cantidad de oro posible y exterminar cuanto antes a las personas consideradas enemigos de los bolcheviques”.
Dentro de todo este horror, tratado de cerca pero sin que su presencia nos resulte abrumadora en los Diarios de Kolimá de Jacek Hugo-Bader, se encuentra la autopista de Kolimá o Carretera de los huesos, la M56 que conecta la zona de Magadán con la de Yakust, para un total de 2025 kilómetros construidos por los internos del GULAG bajo las más extremas y terroríficas condiciones de trabajo. Si uno de ellos fallecía se lo enterraba bajo la capa de asfalto de la pista, de ahí su nombre de Carretera de los huesos.
Imágenes de los trabajadores forzosos de la Carretera e los huesos:



El periodista polaco, moviéndose entre temperaturas extremas que alcanzan decenas bajo cero, se propone recorrer toda esta carretera haciendo auto-stop, y en ello radica la originalidad del libro, porque ese medio de viaje le proporcionará jugosas historias producto de la interacción con numerosos lugareños que lo recogerán en sus vehículos y que lo albergarán en sus casas para que pueda pasar la noche.

La M56 hoy.

Este contacto con la población local de una zona tan ruda y extrema llevará al autor a componer un retrato vívido y magnífico de todo un modo de vida, de eso que la Premio Nobel ucraniana Svetlana Aleksiévich ha denominado Homo Sovieticus y cuyo de cuya extinción nos habla en un reconocidísimo ensayo de éxito, El fin del “Homo Sovieticus” (editado por Acantilado).


Sin embargo, aunque decadente y enfermizo, exasperante y oxidado, recalcitrante e incomprensible, el Homo Sovieticus que aparece en los Diarios de Kolimá no está muy cercano a esa extinción, si acaso se encuentra próximo a una especie de cristalización que lo llevara a permanecer así, detenido en el tiempo y en el espacio de aquellos lugares remotos, por los siglos de los siglos.

Los tres volúmenes editados por Tusquets y que conforman Archipiélago Gulag de Aleksandr Solzhenitsyn.

El retrato del pueblo ruso que aparece en el libro es el de una serie de personas desconfiadas y algo retrógradas, podría decirse que primitivas, que sin embargo resultan cálidas y acogedoras una vez que el forastero consigue ganarse un pedazo de su confianza. Son grandes bebedores de vodka, son enormes supervivientes en un  lugar en el que hay que saber tomarse las cosas como vienen y soportarlo todo con aquello que se tenga más a mano.
Dos imágenes del polaco Jacek Hugo-Bader, autor de Diarios de Kolimá:



El libro se nutre, por tanto, de historias, de las historias que nos cuentan, que le cuentan a Hugo-Bader, todos estos personajes siempre al borde de la congelación, cercanos a la miseria, profundamente heridos y emborrachados de rusismo. Así, para el autor son:
“gente excepcional: han visto el fondo de la vida”.
Por las páginas del libro van apareciendo todo tipo de personas, generalmente definidas por el desempeño de su trabajo: la mayoría son camioneros, buscadores de oro (como ya se ha mencionado antes, la región es rica en este mineral), algún médico, jubilados que arrastran su destino, cazadores (algunos de ellos españoles conducidos por unos guías y que van en busca de alces)…
El escritor Varlam Shalamov como preso de Kolimá y después, tras su liberación:




Las historias de las vidas de estas personas se mezclan con los relatos de prisioneros del GULAG y chekistas, de torturadores y torturados, de comisaros políticos, de políticos que se creyeron todopoderosos y que acabaron fusilados, como el letón Eduard Berzin —el director del Dalstroi, consorcio comunista de Kolimá para la obtención del oro por manos de los trabajadores forzados—, de maestras y catedráticos, de huérfanas y niños arrojados al bandidaje, en un retrato de las personalidades que fueron producto del inhumano sistema de supervivencia que el gobierno soviético instaló en aquellas zonas y que dejó a los rusos, como concluye Hugo–Bader:
“enfermos de indiferencia”.
Porque ese pasado de los campos y del horror está ahí, pero a la población actual parece darle igual. No les importa lo más mínimo, ni siquiera se preocupan en preservarlo como una forma de recordar y respetar a las víctimas de aquella injusticia:
“Deberían enseñarlo en los colegios, porque en Kolima no hay colegio que no esté al lado de un antiguo campo. Allí estuvieron presas y murieron personas inocentes, sus abuelos, y ahora justo detrás de esta tierra quemada del campo cultivan sus pequeños huertos”.
Estamos ante una región de excesos, que conoce el record de temperatura negativa con los 71, 2 bajo cero registrados en Oimiakon, que también posee el de mayor variación de grados entre un extremo y otros: 100, desde los 33 positivos a los 71 negativos; excesos como el de la localidad de Polevói, en donde en 2005 apareció la pepita de oro Adamovich, la más grande desde la extinción de la URSS, con 2 kilos y 976 gramos de peso, o el hallazgo en 1977, en Susumán, de un cachorro de mamut momificado y casi intacto por efecto de la congelación: una cría de más de cuarenta mil años de edad.
Eduard Berzin.

Por eso, porque hay oro, gran parte del libro gira entorno a los que se dedican a extraerlo y a quienes se han hecho millonarios con ello, es decir, un binomio compuesto por desarrapados y mafiosos. Unos se gastan los sueldos ganados de forma extenuante en las cantinas mientras los otros se regalan comilonas y controlan la política local como pequeños, pero también temibles, zares.
La Carretera de los Huesos, la ruta entre Magadán y Yakutsk que cubre Hugo-Bader en su libro:




Rusia es un país corrupto e intrigante, y eso se reproduce a menor escala en cualquiera de sus regiones, especialmente si albergan una riqueza natural como el oro de Kolimá:
“en Rusia los negocios millonarios son sinónimo de espionaje, que solo a través de los servicios secretos se puede entrar en el club de los oligarcas”.
Entre los personajes que aparecen destaca la hija del mismísimo Yezhov, casi octogenaria; el periodista comparte una noche de charla repleta de confesiones e historias siempre presididas por la siniestra figura de su padre, ese Nikolái Yezhov que fue director del NKVD y que, como hombre de confianza de Stalin, desencadenó la conocida como Gran Purga de la década de los años 30 y que coloquialmente se llama ezhóvschina en memoria del personaje que la llevó a cabo, con cientos de miles de ejecutados y millones de deportados. Después, Yezhov dejo de ser el hombre de confianza de Stalin y fue fusilado.

Nikolái Yezhov.

Así es este viaje por Kolimá que, citando a Ryszard Kapuściński en su obra El Imperio, tal y como nos lo recuerda el propio Jacek Hugo-Bader en el libro:
“el nombre de Kolymá (…) junto con los de Auschwitz, Treblinka, Hiroshima y Vorkutá, pasará a la historia como una de las mayores pesadillas del siglo XX”.
Este Diario de Kolimá que nos trae La Caja Books es la radiografía de una zona emaciada por el hambre, lacerada por los brutales golpes en el costillar, carcomida por el óxido, el frío, la miseria y la pobreza, devorada por la codicia, blanca por la nieve y el hielo, pero amarilleada con el oro que trabajan unos miserables alquimistas que lo convierten en vodka, que lo disfrutan unos nuevos ricos mafiosos del tres al cuarto que lo transforman en caviar y votos para servir a sus intrigas políticas.
Ubicación de los cientos de campos de trabajo soviéticos que formaban parte del GULAG.

Kolimá es un sitio apasionante en donde el objeto de estudio es el hombre. Por ello, es el lugar perfecto para llevar a cabo el mejor de los reportajes periodísticos, ese que difumina las fronteras entre la crónica, el diario y la mejor de las literaturas.

lunes, 12 de agosto de 2019

Margo Rejmer-Bucarest. Polvo y sangre


*Esta crítica apareció en achtungmag.com:
http://www.achtungmag.com/margo-rejmer-vision-de-bucarest-entre-el-polvo-y-la-sangre-de-la-historia/

Margo Rejmer: visión de Bucarest entre el polvo y la sangre de la historia

La escritora y periodista polaca Margo Rejmer ha escrito en Bucarest. Polvo y sangre, publicado por La Caja Books, un libro extraordinario para comprender la verdadera naturaleza de esa ciudad y de sus habitantes. Siguiendo la línea del maestro Kapuściński, y también la de la Premio Nobel Svetlana Aléksievich, en el libro se otorga la palabra a los personajes que vivieron las tres fases más recientes de la ciudad: la ominosa época de Ceaușescu, los momentos peligrosos del cambio, y la desesperanzadora etapa actual. Algunos capítulos, como el dedicado a la Casa del Pueblo, el de los perros callejeros, o los que dan noticia de la extraña Revolución que terminó con el fusilamiento del matrimonio de tiranos, resultan impresionantes merced a la forma en que están escritos: con apego al suceso histórico, sin desdeñar el lirismo, escuchando las voces de quienes importan. Por todo ello, hoy, en este Odradek de los viernes de Achtung!, hablamos de la Bucarest de Margo Rejmer.

Y lo primero que me viene a la cabeza a la hora de hablar de Bucarest es mi estancia en esa ciudad, hace ya mucho tiempo: allá por noviembre y diciembre de 1991. Llegué en un ferrocarril-tortuga que tardó más de un día en unir Sofía con la capital rumana. Era de madrugada y mi compañero de compartimento, un estudiante de canto, se asustó mucho ante mi inconsciencia turística. Me insistió en que la ciudad era muy peligrosa.
Los problemas de entonces, esos que acechaban en la mente del cantante de ópera, y que me podían afectar, eran la alta posibilidad de sufrir un robo, y una violenta manifestación de mineros que amenazaba con sembrar el caos en la ciudad. Además, la estación, aquella Bucuresti Nord de enigmáticos nombres anunciados en sus paneles, trenes a Constanza o Baia Mare, no era segura para un descerebrado como yo.
Margo Rejmer, autora de Bucarest. Polvo y sangre.
El muchacho hizo gala de la amabilidad rumana y me acompañó hasta que me registré en un hotel. Al día siguiente me mudé a una habitación en una casa particular administrada por el servicio estatal, pero eso ya forma parte de otra historia que no tiene cabida aquí.
Con este recuerdo bucarestino, que puedo unir al de las Navidades de 1989 en una pensión londinense, aún retengo el nombre, Royal Court Lodge, y su montaña de tostadas para desayunar mientras veíamos las imágenes de la BBC en donde iban dando noticia de la Revolución que se había desencadenado en Bucarest, hasta que el día 26 de diciembre, el mítico Boxing Day británico, se me atragantó el bacón y hasta el zumo de naranja con las imágenes del fusilamiento de la pareja de sátrapas comunistas: Nicolae Ceaușescu y su esposa Elena Petreșcu —viceprimera ministra, doctora en química y, al parecer, casi analfabeta— eran ajusticiados sin miramientos.
Instantánea de la ejecución del matrimonio Ceaușescu.
Mi paseo por las desiertas calles londinenses ahogadas en el día festivo estuvo acorde con la desolación que me había producido, mejor dicho, nos había producido a los millones de europeos, el desenlace de aquella locura a la rumana. Pero si un país era capaz de doctorar en química a una analfabeta, mediante coerción, amenazas, corrupción, purgas, despidos y favores… entonces podía ser capaz de cualquier cosa al sumirse en un caos revolucionario, tal y como Margo Rejmer nos parece advertir en un capítulo de su libro acerca de la insostenible e insoportable arquitectura bucarestina: Algo oriental, algo demencial.
Mucho de eso hay en esta historia que, siguiendo el acierto con los títulos, la escritora polaca ha bautizado como Polvo y sangre. El polvo y la sangre del fusilamiento del Conducător, el polvo de una ciudad herrumbrosa y medio en ruinas, y la sangre de todo un pueblo sometido al comunismo, a la Revolución y a lo peor de la economía de mercado salvaje y desencadenada: mafias, drogas, prostitución, asesinatos, crímenes, corrupción…

El ciudadano rumano, actualmente, se encuentra indefenso ante el rugido de la historia, una historia que durante el siglo XX y esta parte del XXI ha sido como un drama en tres actos.
El primer acto se corresponde con aquella Rumanía comunista de Gheorghe Gheorghiu-Dej, porque, en efecto, antes de Nicolae Ceaușescu ya estaba otro desgraciado amargándole la vida a la gente desde su condición de Secretario General del Partido Comunista Rumano y Presidente de la República, cargos a los que accedió Ceaușescu después de que la cirrosis se llevará por delante a su antecesor.
Gheorghe Gheorghiu-Dej.
De esa época comunista, de la era Ceaușescu, encontramos testimonios en el libro de Margo Rejmer que resultan casi increíbles si no supiéramos que en aquel desastre de país demencial todo era posible. Y todavía todo sigue siendo posible.
Portada del periódico El País en donde anuncia el final del Conducător  y su esposa.
Algunos de los disparates que se mencionan en el libro pueden ser tomados como meras ideas infantiles, como la de intentar enhebrar al régimen del Conducător la herencia de Trajano y Decebal. Trajano, el emperador romano de origen hispano, como conquistador de los dacios —es decir, de los antiguos rumanos— y fundador de la Rumanía romana, y Decebal, el áspero rey de la tribu, prodigio militar y estratega, que prefirió el suicidio antes de caer en las manos romanas.
Decebal.
Un ejemplo de que todo es posible en Rumanía se encuentra en este doble binomio de búsqueda de una identidad, el conquistador que da gloria y el conquistado que, con su valor, genera la estirpe de sangre valiente. Tanto, que cerca de la ciudad de la localidad de Orșova, en una orilla rocosa del Danubio, se ha erigido la estatua de piedra más alta de Europa, 40 metros: dicen que es Decebal, pero si nos fijamos bien allí vemos al gran Jabba The Hut, el personaje de la Guerra de las Galaxias.


Disparates inocuos aparte, que pueden ser más o menos pintorescos o graciosos, otros asuntos que nos narra Margo Rejmer en el libro no tienen ni pizca de gracia, como la alianza del general Ion Antonescucon Hitler durante la Segunda Guerra Mundial y los 250 mil judíos deportados a Campos de exterminio, o el pacto posterior con Stalin, que hizo lo que le vino en gana con el país y con sus minorías.
Un par de sellos conmemorativos de Ceaușescu:


Sobre estos asuntos conviene recordar algunos textos del escritor rumano Norman Manea, exiliado en Estados Unidos y que entre sus temas trata el Holocausto, los movimientos migratorios caprichosos llevados a cabo por el estalinismo y la vida cotidiana y terrorífica durante el régimen comunista en Rumanía.
Norman Manea.
Destacan, entre su numerosa obra, El sobre negro, El regreso del húligan (una excepcional autoficción biográfica), los relatos de Felicidad obligatoria (título basado en la obligación que imponía el régimen comunista, todo el mundo debía sonreír porque Rumanía era el paraíso de la felicidad), El té de Proust, La guarida y un ensayo sobre los dictadores de elocuente título: Payasos, todos ellos editados por Tusquets.




Y ya que hablamos de Bucarest, y aprovechamos que el Dâmbovița pasa por la ciudad, no puedo dejar de recomendar La gran trilogía de Gregor Von Rezzori, compuesta por Un armiño en Chernopol, Memorias de un antisemita y Flores en la nieve, libros en los que el autor nacido Czernovitz, en la Bukovina, nos muestra cómo era la Rumanía que formaba parte del Imperio Austrohúngaro y el Bucarest de esos años, especialmente en Memorias de un antisemita, la mejor de las tres novelas (editadas en un solo volumen publicado por Anagrama).

En los últimos años, el mayor culpable de aproximarnos literariamente a Bucarest ha sido el prodigioso Mircea Cărtărescu. A continuación os dejo un par de enlaces a críticas y análisis que he realizado en Achtung! de sus libros, para que complementéis la imagen de la ciudad que ofrece Margo Rejmer con la del escritor:
Y ya que hablamos de literatura rumana, esta panorámica:
Tampoco fue un acto nada inocente (ahora que ya nos hemos puesto al día sobre literatura rumana prosigo con el libro de Margo Rejmer), enviar como trabajadores forzosos a la construcción del canal Danubio-Mar Negro a todos los opositores del régimen, ya fueran intelectuales o campesinos, políticos o ciudadanos de a pie. En esto de la construcción de canales como sistema de reeducación, el comunismo ha tenido uno de sus puntos fuertes, como por ejemplo el Mar Banco-Báltico de Stalin, devorador de indeseables. Las víctimas del canal de Ceaușescu, a día de hoy, siguen siendo un misterio.
Dos imágenes de La Casa del Pueblo:


El sistema comunista rumano fue una inmensa trituradora. Una de las numerosas testigos a las que entrevista la autora declara:
“Todos estábamos igual de indefensos ante el sistema”.
Esta era la idea política del Conducător, un país en el que, mediante la colectivización forzosa, es decir, el robo de sus pertenencias, ganado y cosechas a los agricultores, perseguía un objetivo:
“que todo el mundo tenga lo mismo, una misma nada”.
Y una vez controlado todo el sistema, los resortes del Estado totalitario podían centrarse en su verdadero cometido, aniquilar cualquier voluntad de la población. En la ciudad de Pitești, a unos 120 kilómetros de Bucarest, y conocida por su excelente aguardiente de ciruela, se albergaba uno de los peores centros de detención del comunismo de Ceaușescu. Un superviviente de la cárcel de Pitești declara en el libro:
“Creo que los métodos empleados en Pitești no existen siquiera en el infierno. Ni siquiera allí. Hay cosas que la mente humana es capaz de imaginar”.
Obviamente, este periodo ha dejado una huella profunda en los rumanos, que sin embargo prefieren olvidar, incluso soslayar. Sobre este curioso aspecto del comportamiento rumano, encontramos estas declaraciones en el texto:
“Todos los rumanos somos fatalistas. La historia nos ha enseñado a sufrir. Nos ha preparado a la eventualidad de perderlo todo. Y aparte de esto, nos dividimos en idealistas y pesimistas. Los idealistas saben cómo debería ser Rumanía, pero al confrontar su visión con la realidad, viven amargados. Los pesimistas, por su parte, ni siquiera están amargados, sencillamente no alberga esperanza alguna”.
Como ya he comentado en la entradilla, uno de los capítulos más impactantes es el dedicado a la construcción de La Casa del Pueblo, titulado El panteón del dios rumano. Lo primero que hace la autora es definir la monstruosa construcción como:
“un edificio con los atributos de un agujero negro”.
En efecto, porque Ceaușescu destruyó más de 7.000 casas de la parte alta de la ciudad, la más antigua e histórica, además de doce iglesias, dos sinagogas y tres monasterios. Se baraja que durante la construcción de la mole (el edificio administrativo más grande del mundo junto con el Pentágono) murieron cerca de diez mil trabajadores, aunque las cifras nunca han podido ser comprobadas. No es de extrañar, por tanto, que se afirme que el edificio de La Casa del Pueblo:
“está levantado contra el ser humano”.
Por supuesto que hay quien se pregunta cómo los rumanos no se rebelaron antes contra su Amado Líder. En el libro encontramos una afirmación determinante:
“Si tenía yo en mi piso seis grados de temperatura, ¿cree usted que iba a pensar en cómo rebelarme contra Ceaușescu o en como calentar el cuarto de baño para que mi hija no cogiera cistitis cuando iba a hacer pis?”.
Otro aspecto demencial lo encontramos en el capítulo dedicado al Decreto 770 que el primero de octubre de 1966 emitió Ceaușescu sobre la interrupción legal del embarazo. Obsesionado con un boom de la natalidad que llevara al país a los 25 millones de rumanos en el año 2000, el aborto pasa a ser reprimido con furia. Los abortos clandestinos se sucedieron, los nacimientos de hijos no deseados también, se incrementaron los huérfanos y las condiciones atroces en los orfanatos, los preservativos debieron comprarse de contrabando, y así nació toda una generación desdichada, la de los hijos del decreto.
Dos carteles de los Ceaușescu caracterizados como padre y madre del pueblo rumano:


Los abortos se realizaban en casa, muchas veces las mujeres se hacían ellas mismas los raspados; se usaban agujas de punto, se trasladaban grandes pesos para obligar a la muerte de los fetos, pero, aun así, cerca de tres millones de rumanos en el exilio, actualmente, son hijos del decreto, o hijos de aquellos hijos. Y en Rumanía, en el año 2000, eran 21 millones y medio de personas. El delirio del Líder generó un desastre: al caer el régimen y derogarse el Decreto, por cada 220 mil nacimientos se practicaron 127 mil abortos.
Tumba de los tiranos.
El segundo acto histórico bucarestino que nos trae la periodista polaca fue la Revolución que terminó con Ceaușescu. La autora se aproxima a ella de una forma dramática y teatral, dando a entender que los sucesos acecidos tuvieron mucho de extraños y sospechosos, un sinsentido más en la historia de los rumanos.

El poderoso matrimonio cuando aun vivía tiempos felices.
En cualquier caso, y tras leer estas páginas fascinantes sobre la caída del Régimen en donde:
“los rumanos tienen la sensación de haber sido meras marionetas, de que una mano extraña manejaba los hilos”,
nos encontramos con una nueva Rumanía fundada en el caos y en la mentira, en donde las personas del entorno de Ceaușescu han sabido hacerse con el poder, y se aprovechan del afán de olvidar de los rumanos.

Incluso la revista Time le dedicó a Ceaușescu una de sus pestigiosas portadas.

Así es este apasionante libro sobre la esencia de Bucarest, también sobre la esencia rumana moderna, de la que se trata en la tercera parte: la ciudad bajo el capitalismo más cruel e inhumano. Las jaurías de perros abandonados siembran el pánico en la ciudad, los mordidos, incluso devorados, y los afectados por la rabia se suceden en cifras increíbles de decenas de miles junto a la miseria, las ruinas, la pobreza, que convive con el ritmo de cada día. Como asegura la autora del libro:
“Bucarest asume los pecados de toda Rumanía para que el resto del país siga siendo hermoso”.
Margo Rejmer ha escrito un libro fabuloso, ha erigido una Bucarest entre el polvo y la sangre de sus habitantes, que se han acostumbrado a vivir inmersos en esa circunstancia. La autora ha escrito también un libro del mismo estilo sobre Tirana, titulado Barro más dulce que la miel. Voces de la Albania comunista. En la solapa del libro, la editorial de La Caja Books anuncia que lo publicarán pronto. Albania, Margo Rejmer y Tirana: volverá a ser otra cita literaria, como la de este Bucarest, imprescindible y fascinante. Y nos ayudará a comprender un poco mejor el mundo en el que vivimos y el mundo del que venimos.